Carly bajó las escaleras como si la persiguieran los mismos demonios salidos del infierno, fue tan rápido que trastabilló y por poco se cae, lo cuál hizo que su corazón se acelerara... aún más todavía. El atrevimiento de ese tipo no tenía límites. A pesar de su tentadora oferta no dejaba de pensar que hacía bien en no aceptarla, quién sabía qué sería capaz de hacer estando a su completa merced… como una mercancía comprada y vendida al mejor postor. No gracias, pensó Carly. Ya había pasado por eso, aunque no de esa manera y no pensaba quedar así expuesta nunca más con nadie. —Maldito Kétchup— masculló entre dientes sin poder evitarlo. Se dirigió a la enorme cocina y suspiró. Era su cocina de ensueño definitivamente. Nunca hubiese imaginado que iba a terminar gustándole cocinar, al prin

