Emil.- Escucho el suspiro de Nadia a mi lado, de reojo puedo ver sus dedos moviéndose con nerviosismo, está ansiosa con la mirada perdida, sin dudarlo tomo sus manos, pega un pequeño brinco al tomarla desprevenida. — Relájate –le digo con toda la ternura y tranquilidad posible, sé que a veces mi voz suena lúgubre y peligrosa. — Es fácil decirlo, no me has dicho con quién nos reuniremos, bueno sí… con el alcalde, pero, imagino que hay acuerdos no muy ¿correctos? — Nadia debes entender que los “lideres” –enfatizo las comillas con mis dedos. –del mundo no son honrados, cuando prueban el poder buscan aferrarse a él, para eso deben… conseguir alianzas que los ayude a establecerse y es ahí donde la gente como nosotros nos aprovechamos para lograr nuestros negocios con más libertad. –hace

