Capítulo 21

2732 Palabras
—Nos están esperando. Es la traducción que me da el rubio después de hablar con Soraya. Asiento ante sus palabras. Soraya es la primera en salir de la habitación. Miro al rubio y me mueve la cabeza dándome a entender que es hora de emprender nuestro plan. Respiro lentamente y suelto el aire con pesadez, para después, salir detrás del rubio. Me posiciono a su lado derecho mientras la musulmana nos guía a los aposentos de su mayor. En cuestión de minutos nos encontramos con el grande portón de madera, el cual, está vigilado por dos guardias con sus respectivas armas. Soraya les anuncia nuestra llegada, uno de ellos, el más alto, entra a la habitación para anunciar nuestra presencia. En unos cortos segundos, regresa el hombre y anuncia que podemos entrar. El otro guardia, le ayuda abrir las pesadas puertas de madera. Soraya emprende camino, la sigo y detrás de mi viene Alek. Un festín nos recibe. La música tradicional resuena en la grande habitación, varias mujeres con sus faldas de lentejuelas árabes, mueven las caderas al compás de la música haciendo sonar las monedas de la falda. Hay hombres quienes observan la danza mientras beben, otras mujeres reparten bebidas y comida en las resplandecientes charolas de plata. Sin dejar de observar mi entorno, continúo siguiendo a Soraya. Al adentrarnos más a la habitación, tanto hombres, como mujeres logro captar su atención. El por qué, es simple; mi vestimenta y mis rasgos extranjeros. Nos detenemos al encontramos con otro grupo de mujeres quien se interponen en nuestro camino y emprenden un baile demostrando la diversión que poseen. Molesta, Soraya les grita, ellas entienden y con fastidio las mujeres dejan de bailar y abren paso al camino. Continuamos. En un momento me siento incomoda, siento una mirada en mí. Giro leventemente mi cabeza y me encuentro con un marroquí mirándome con morbo, «no estoy acostumbrada a llamar la atención.» En un movimiento, Alek se pega a mi y me rodea la cintura con delicadeza, sin llegarme a tocarme para mostrar protección. —No temas, estoy aquí para protegerte. Le agradezco con una ligera sonrisa. La música no deja de sonar, las mujeres no paran de bailar y la celebración continua. Soraya detiene el paso, al instante Alek se aleja de mí. Mi mirada se enfoca hacia el frente. Ante nosotros se encuentra un hombre moreno de penetrantes ojos azules y de rostro perfilado. Aquel extraño, está sereno y tranquilo bebiendo de su copa de oro mientras ve el espectáculo de las marroquís bailando a su alrededor. Me quedo perpleja ante su atractivo. Es un joven hombre, de ojos azulados, cejas profundas y por el color de su rostro tiene un tono canela. No veo el color de su cabello por el turbante que cubre su cabeza. —Esperen —dice la mujer. Soraya se aleja de nosotros y se encamina al atractivo hombre, quien, al percibirla deja su copa sobre la charola de plata que tiene en sus manos la joven mujer a su lado. El hombre de inmediato cambia su mirada de Soraya a nosotros. Me congelo al hacer contacto con la azulada mirada. Sus ojos me analizan de pies a cabeza, para después pasar la mirada en la mujer mayor que nos trajo. Farid se levanta de su trono, al instante, el hombre a su lado izquierdo se le acerca. Farid le dice algo inaudible para mí, el hombre armado detiene el baile con una profunda voz grave. Las alegres mujeres dejan de sacudir las caderas, la música no se detiene, pero es menos ruidoso. Algunas personas fijan su mirada en Farid, quien a pasos lentos se acerca a mí, como si fuera un león asechando a su presa, el hombre alto no deja de mirarme fijamente a los ojos mientras, a pasos lentos, llega a mí. Por un momento me intimida. Frente a mí puedo detallar más de cerca sus atractivos y masculinos rasgos. Solo pasan unos cortos segundo para hablar. — ¿Quién eres y a qué has venido a mi palacio? El marroquí quiere intimidarme con la mirada, no hago que lo logre. Mantengo la mirada fija en sus ojos azulados, como el color del mar en pleno día. Antes de responder Soraya se adelanta a hablar. —Mi sultán, ellos han venido a ver a su padre. Las palabras de Soraya me dejan confundida. ¿Él no es Farid Ahmad? —Silencio Soraya. Quiero escucharla a ella —de nuevo su mirada se posa en mí. La mujer se disculpa con el sultán. Se aleja poniéndose detrás de mí para dejarme con el moreno hombre. —Me dirás tu nombre o tendré que obligarte a hacerlo. Al terminar de decir la pregunta los hombres quienes nos rodean le quitan el seguro a sus arman, indicando que en cualquier momento nos pueden disparar. Sin perder más tiempo, con altivez, paso un mechón de mi cabello platinado hacia atrás de mi oreja y enderezo la espalda. —Esa pregunta bebería hacerla yo —digo con firmeza —. Estoy aquí porque quiero hablar con Farid Ahmad. El hombre sonríe ante mis palabras, su risa hace estruendo en nuestro alrededor captando la atención de las personas en el salón. —Deberías cuidar tus palabras —dice con molestia. —Y tu deberías respetarme. ¿No tienes modales? El enojo comienza ser notorio en su rostro. —No sabes con quien están hablando. —Tu tampoco —desvió mi vista con fastidio y de nuevo la poso en él —. Vine a Marruecos a hablar con Farid Ahmad, no contigo… Quiero hablar con él, ¿en dónde está? Molesto, el moreno hombre, da dos pasos más hacia mi y con rivalidad me mira mercando una gran diferencia de estatura. —Farid Ahmad es mi padre —me sorprendo al escuchar su confesión —. Hace dos meses que murió y yo he tomado su poder — ¡Mierda! —Así que, si quieras hablar con él, lo siento mucho pero no podrás hacerlo. Con la noticia el plan se va a la mierda. «¡Farid no puede estar muerto!» Debo de pensar en una solución rápida. —Lamento la muerte de un gran hombre como Farid. Vine demasiado tarde. Nuestro ambiente de rivalidad se calma un poco. Por poco y llevo todo al carajo, debo ser más inteligente en mis palabras. —Si quieres hablar con Farid lo tendrás que hacer conmigo. Yo soy el sucesor —anuncia. Genial, tengo que hacer la alianza con su hijo el cual he insultado. Dedo de ser más cortes con él. —Bien. ¿Con quien tengo el placer de hablar? —cambio mi rivalidad por simpatía, el ser una mujer carismática me beneficiara. —Soy el sultán Adbel Ahmad, hijo único que Faird Ahmad. ¿Cuál es tu nombre? —Soy Sharon Beckett, la reina del clan korolevskaya kobra. El atractivo hombre asiente ligeramente con la cabeza. —No he escuchado sobre ti. De inmediato invento una falsa historia. —No soy muy activa en la mafia, pero mi clan si lo es. — ¿Eres una principiante? —No lo soy, mi clan está activo dentro de la mafia… Con anterioridad tu padre pidió una alianza con nosotros a cambio de armas y un ejército para defender sus tierras de los colombianos —le recuerdo. El sultán se queda cayado por unos segundos para después hacer la pregunta. —¿A qué has venido a mis tierras? —A hacer una alianza. No me dice nada, al percatarse de la atención de la gente les dice que retomen sus actividades. La música tradicional de nuevo comienza a sonar, las mujeres continúan con el baile dejando atrás el incomodo momento de rivalidad. —¿Bebes? —pregunta de repente mirándome de nuevo a los ojos. —No le negaría una copa aun hombre como usted, sultán —lo alago. El hombre sonríe ante mi alago y me invita a sentarme aun lado de su trono. Al dar mi primer paso Alek avanza detrás de mí, pero de inmediato sus hombres de Abdel lo apuntan. —El viene conmigo. Es Alek Bronov, mi mano derecha —aviso. De inmediato el moreno les dice que bajen las armas. Como todo un caballero me ofrece el asiento, para después sentarse en su trono, Alek se queda de pies, aun costado de mí, como si fuera mi guardia. En cuestión de segundos la joven mujer de cabello azabache me entrega mi bebida. La tomo y le doy un pequeño sorbo para reconocer el sabor. Hago un pequeño gesto de disgusto al sentir el extraño sabor en mi paladar. El sultán se da cuenta de mi gesto y sonríe. —Es Arak, un licor anisado tradicional de mis tierras —explica. Asiento ante su explicación. Le doy otro pequeño sorbo a la bebida, bajo la copa y la recargo sobre mi pierna. Levanto la mirada y la poso en la del moreno que no ha dejado de observarme. ¿He llamado su atención o está planeando como sacarme de sus tierras? —Quiero escuchar tu alianza. Asiento y le explico. —Como anteriormente dije, hace un par de años Farid pidió hacer alianza conmigo para ayudarlo contra los colombianos. Y ahora yo necesito de su ayuda. El hombre me escucha atentamente. A pesar de que la música resuena, las risas de la gente se mezclan con el ruido, podemos escucharnos con claridad. —¿Debido a qué?, ¿por qué necesitas una alianza conmigo? Está es la parte en la que explico la verdad. —Alguien quiere acabar conmigo. Se esta metiendo con los míos, tienen secuestrada a mi prima—miento, le hago unos pequeños cambios a la historia —Y a mi hermano lo llevaron al coma. No tengo idea de quien este haciendo todo esto… Por eso vengo a pedirte una alianza. Necesito entrenamiento, armas y un ejército. Al decir mis ultimas palabras el marroquí se ríe con burla. —¿Estás escuchando lo que me pides? —Estoy consciente de lo que te estoy pidiendo —digo con obviedad. De nuevo el moreno sonríe. Le da un largo trago a su bebida, para después, de nuevo, posar su intensa mirada en mí. —No tengo ningún problema en ofrecerte lo que me pides —me entusiasmo al sentir cerca la alianza —. Pero, es mucho lo que pides. ¿Qué gano yo con aceptar? Me quedo pasmada ante su pregunta. Eso no lo pensé, pensé que sería fácil la ayuda. No sé que decir, no tengo nada que dar. —El hacer una alianza es que ambos tengamos beneficios y ante lo que me pides, yo no gano nada, solo tu… Quiero mirar a Alek para que me de una solución, que me ayude en pensar, pero si volteo hacia atrás me vería como una tonta que no sabe defenderse. —Piensa en que me darás para que yo acepte, de lo contrario… No termina sus palabras, otra mujer marroquí le se acerca con respeto. —Lamento interrumpirlo mi sultán. El hombre mira a la mujer mayor, mientras yo me le quedo viendo como una tonta. —Su segunda esposa, Jade, necesita de su presencia. Se siente mal. El moreno asiente ante las palabras de la mujer. —En un momento voy. Llama al médico. La mujer asiente y a paso veloz sale del salón. —Pierdes tu tiempo en venir a hacer una alianza sin nada a cambio. Sin más que decir, se levanta de su lugar y se aleja de mi yendo al llamado de su segunda esposa. Me levanto de mi lugar y me acerco a Alek. —Quiere algo a cambio —le hago saber —. Salgamos de aquí. Me siento molesta conmigo misma, no pude hacer la alianza. Salgo del salón con Alek detrás de mi y con urgencia nos adentramos a mi habitación. Al estar solos comienzo a hablar libremente. —¿Por qué no pensé en eso? —me recrimino. —No sabía que Farid había muerto. Eso complico las cosas, Farid no se hubiera negado en ofrecerme su ayuda —explica el rubio. —¿Qué haremos? Nuestros planes no se están cumpliendo. El imaginar nunca encontrar a mi amiga, el que mi esposo puede morí y yo también, me aterra la idea. —Tranquila, no te alteres. Debemos pensar bien que es lo que quiere para que nos de todo lo que necesitamos. Debemos ser muy atentos y cautelosos con él. —Tienes razón, debo investigar que es lo que no tiene para ofrecerlo y así pueda aceptar la alianza… Dijo que pensará bien, eso quiere decir que tengo otra oportunidad. —Así es. Encontraremos una solución. —Bien. Al caer la tarde Abdel les pide a sus seguidores que nos brinden la comida, nos dan un recorrido por el palacio y al final de la noche me separo de Alek para cada quien ir a descansar a su habitación. Al terminar de cepillarme los dientes, el fuerte roble de la puerta es tocada. Sin dudarlo abro la puerta encontrándome con el rubio. —¿Qué sucede? —Lara llamará para darnos informes. Rápidamente cierro la puerta y nos dirigimos al sofá. A los pocos segundos el celular de Alek suena mostrando en la pantalla el nombre de la rusa. Rápidamente Alek contesta la llamada y pone el altavoz. —Lamento no llamar antes, pero no quiero levantar sospechas. Después de días escucho de nuevo la voz de Lara. —Lo diré rápido…Es cierto, ya hay una reina y dice ser la hija de Alessandro Ivanov. Toda Rusia habla de la reina, ella envió el mensaje a los demás clanes. Ha pasado la prueba y el día de mañana por la noche será la coronación. El escuchar las palabras de Lara me hacen sentirme impotente. Me molesta que esa mujer tome mi identidad y tome el poder de mi padre. No dejé que Enzo se adueñara del poder de mi padre, tampoco dejaré que esa falsa tome mi identidad. Ella no es Aina, yo soy Aina Ivanova, la única hija de Alessandro. —Mañana asistiré a la coronación para saber quien es la mujer que se hace pasar por Aina —avisa. —Lara, debes ser cautelosa. Hace años que abandonamos Rusia y si los Volkov nos ven sospecharan de inmediato —le advierte su hermano. —Lo sé Alek, no te preocupes por ello. Solo quiero ver el rostro de la mujer, así podremos investigarla. —Si, estoy de acuerdo. Un silencio nos cubre, pero la de nuevo Lara habla. —¿Han logrado la alianza? —Estamos en eso —responde su hermano. —Bien, después de la coronación iré con ustedes… ¡Ah! Una cosa más. ¿Está Aina contigo? —le pregunta a su hermano. —Si, te está escuchando. —Bien… Aina, he tenido más información sobre tu amiga. Al escuchar sus palabras salgo de mi trance y le pregunto que es lo que sabe. —Salió del país, fue transportada a Afganistán. La transportaron con varias mujeres, como una prostituta. Sé quien recibió a las mujeres, pero lo que no sé es a que burdel fue a quedar. La sangre me comienza hervir al imaginar a mi amiga siendo tratada como un pedazo de carne. Si algún hombre la a tocado no me lo perdonaría. Ale debe de estar sufriendo en ese calvario. Debo de encontrarla ya, no puedo dejarla que sufra más. —Gracias Lara. Planearé algo para ir con ese hombre. —Ok, le mando el nombre por mensaje. Me tengo que ir. —Cuídate. —Lo haré, hermano. Sin más que decir, la llamada termina. —Iremos a buscar a ese idiota —digo. Estoy muy furiosa, el no lograr la alianza, el que esa falsa mujer tome mi identidad y el poder de mi padre y el saber mi amiga la están prostituyendo me enfurece mucho. —Por supuesto que iremos, pero no podemos ir solo. Necesitamos apoyo. Alek tiene razón, si Ale está en manos de ese asqueroso debo tener apoyo para rescatarla y la única persona que puede brindarme la ayuda es el sultán Abdel Ahmad. —Yo me encargaré de conseguir un ejército… Conseguiré esa alianza —afirmo con seguridad. No puedo perder esta batalla.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR