Me doy cuenta de que tengo una sonrisa de idiota en cuanto dos tías me guiñan el ojo al pasar por mi lado cuando cruzo un paso de peatones. Por un lado no me extraña lo que han hecho, pero por otro no suelen ser tan directas, así que me miro en el escaparate de una tienda de ropa y me veo sonriendo de oreja a oreja. Quiero pensar que tener ese gesto durante tanto tiempo en mi rostro no tiene nada que ver con Kiara y la cita que acabamos de tener, pero mentiría. Ha sido tan… Ella es tan… Y tiene… No se me da bien describir a una mujer, sobre todo cuando lo único que viene a mi cabeza son adjetivos cariñosos y moñas. Hemos estado tan a gusto comiendo en una cafetería de comida rápida, hemos hecho tonterías y nos hemos reído a más no poder. Punto a su favor, porque muchas de las chicas con l

