Momentos a solas

1245 Palabras
Zack se quedó en casa. Necesitaba tiempo para sí mismo, para procesar en silencio todo lo que había pasado en esos últimos días desde que la llegada de Ariel con su olor había provocado que Zack se imprimara de ella, escogiéndola como su mate. Zack necesitaba tomar decisiones rápidas que fueran las mejores para su vida. Y lo peor de todo era que para él, mientras no pudiera sacarse a Ariel de su cabeza, sencillamente, no habría manera alguna de como lograr conseguir otra mate, porque los hombres lobos solamente conseguirían una para cuando la primera mate falleciera y los dejara solos. Zack se apuró a ir a buscar leña al bosque, teniendo cuidado de no ir a toparse con ninguno de sus enemigos en el camino que pudiera provocarlo para pelear, donde así sucediera, él correspondería porque todavía estaba resentido con el escape de su omega. Esa omega se las pagaría, y mientras que Zack estuviera decidido en acabar con ella, en cuanto la encontrara, lo haría sin pensarlo, sin tener piedad de ella, dejándola huir para decidir otro destino peor que la muerte en manos de un alfa poderoso como lo era él. Zack encontró los troncos de leña perfectos en el bosque, los llevó consigo a la casa, pero se quedó con ellos en el patio, porque allí se celebraría la fogata. Se dispuso a cortar la leña con su hacha, lo hacía con fuerza, imaginando que en lugar de la leña estaba la cabeza de Mabel, y cortándola con rabia. Pero también sucedió lo más extraño. Como si hubiera sido una ilusión, Zack imaginó la cabeza de un hombre cualquiera y lo cortó también con mucha rabia, como si hubiera imaginado que ese fuera el marido de su amada, el que tanto daño había sido capaz de propinarle a Ariel. En su cabeza no dejaba de resonar las palabras de Ariel cuando le confesó a Lilith que ella había sido maltratada por su esposo antes de escapar a Nueva Orleans. Algún día, lo encontraría y lo mataría él mismo si Ariel no lo hacía con su magia. Los lobos salieron de casa cuando se cambiaron de ropa, todos iban felices, hablando entre ellos las cosas que irían a comprar para la fogata, todos se despidieron de su alfa, y como humanos, se refugiaron en el bosque para ir al pueblo. Derek se había ido con ellos. Zack se quedó solo en casa. Terminó de cortar la leña, la dejó en el suelo, precisamente organizada donde se haría la fogata, y entonces, se metió a la casa, se le había antojado una cerveza helada para pasar livianamente el trago amargo de su situación y fue así como se metió a la casa, y al entrar, se fue a la cocina, cunado abrió la nevera para sacar una lata de cerveza y beber de ella, Zack terminó por escupir todo hacia afuera, puesto que una visita inesperada lo había espantado. Lilith, la líder de las brujas de Nueva Orleans, se había metido en la boca del lobo. Simplemente, queriendo asegurarse de que Zack no volviera a querer perseguirla a ella ni a sus brujas, porque ella ya lo había descubierto espiándolas. — Zack… Lobo bandido, te he descubierto. Te la pasas espiándome desde aquella vez que nos encontramos en el restaurante… cuando tuviste tu pelea con Ariel. Por favor, déjanos en paz, nosotras no nos metemos con ustedes como para que ustedes quieran meterse en nuestras vidas — dijo la bruja reina, mirando a Zack con resentimiento. Zack solamente escuchando, sabiendo que la bruja nada más había ido a perder el tiempo con absurdas amenazas. — ¿Una bruja diciéndole a un lobo qué debe hacer y que no? ¿Desde cuándo está permitido eso? — Zack se burló, sabía que su burla sería una ofensa para esa bruja que era indefensa a su lado. Así lo atacara, Zack sería capaz de derrotarla de una sola vez al momento que tuviera oportunidad de hacerlo. — Zack, te lo advierto. No me provoques, ya sabes como puedo ser de mala si te atreves a burlarte de mi advertencia. Te lo pido otra vez, no te acerques ni a mí, ni a mis chicas. ¿Te queda claro? — ella insistió, haciendo caso omiso a las burlas del lobo. Zack se encogió de hombros, no iba a obedecer, nada más, se quedaría callado, esperando a que la bruja se largara de su casa porque no tenía ni una intención de invitarle una cerveza por cortesía. Lilith se marchó de casa de Zack. De verdad, aquella bruja incompetente, ¿Creía que Zack era capaz de alejarse de ellas tan fácilmente para cuando ni ha estado cerca? Cuando la bruja lo dejó solo, Zack pudo volver a concentrarse en su cerveza, las amenazas de esa bruja no serían un impedimento para que él dejara de pensar en Ariel. Aprovechando su momento a solas, su mente divagó en los más oscuros y profundos deseos sexuales que tenía el lobo con la bruja que había elegido con su mate. Zack sintió como su pene se ponía erecto, y no lo pensó antes de hacerlo. Se acercó al sillón, y antes de sentarse, se bajó los pantalones, quedando completamente desnudo de la cintura para abajo. Sus lobos tardarían en llegar, y este era tiempo suficiente para que él hiciera lo que más le gustaba: masturbarse sin interrupciones de nadie. Tomó su pene entre su mano libre, y con la otra seguía bebiendo cerveza que estaba deliciosa. Y fue así como comenzó a imaginarse que Ariel se acercaba a él, sensualmente, provocadoramente, con una mirada exótica y deseosa de su carne. Suavemente, su mano comenzó a masturbarse, Zack cerró los ojos, para sentir el placer que él mismo se daba, además para seguir viendo a su amada mate hacer ese trabajo que debía de ser para ella en ese momento. Finalmente, luego de un par de minutos en esa tarea, Zack llegó al orgasmo. Su mano se bañó de su propio semen, y sus ojos volvieron a abrirse, sin embargo, él no se dio cuenta de que una de sus lobas, Karina, se había quedado en casa leyendo en su habitación, no había querido salir con sus compañeros, y nadie le avisó a Zack que ella se quedaría. Karina siempre había sentido una atracción por su alfa, aunque ella sabía que no sería su mate elegida, por lo menos, se daría por bien servida si él lograba cumplir sus más grandes fantasías sexuales. Aquella parecía ser la oportunidad perfecta para hacerlo, para acercarse, insinuársele, y si era correspondida, lo haría con el mayor de los gustos. Karina era una loba muy guapa, ágil para pelear cuando estaba transformada en loba, y era muy inteligente y servicial cuando era humana. Solo que había una cosa que para ella era como una desventaja: era muy tímida, y más cuando alguien le gustaba. Zack le gustaba. Y esa tarde, viéndolo allí en el sillón, sentado y masturbándose quién sabe imaginándose que cosa, la había excitado de una manera que no dudó en salir de su escondite para acercarse a su alfa. Provocándole un gran susto porque ni tiempo le dio de reaccionar para volver a vestirse. — Mi alfa… Por favor, no sea tímido, no se asuste. Solo he venido para ser yo misma quien se encargue de saciarlo en esta necesidad — dijo la loba al haberse acercado por completo a su alfa.
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