Sharis, estaba desayunando el pollo que no probó la noche anterior, tenía las manos llenas de grasa, se preguntó quién sería que tocaba tan temprano pero aun así fue y abrió, cual su sorpresa era Ibrahim, sus ojos se le salieron de los párpados de tanta emoción, soltó el muslo frito que se estaba comiendo y abrazó inconscientemente a Ibrahim, él delicadamente se la soltó, parecía una araña agarrada del cuello del joven. — Ibrahim ¡Volviste! Creí que me habías abandonado. ¡Estoy de cumpleaños hoy! Ahora si estoy feliz, deseaba verte, ¿cómo estás? — ¡Tranquilízate! Estas muy… Muy efusiva, ¡Ven pasemos traje algo para ti! —le dice Ibrahim, entrando a la casa. — ¿Para mí? ¿Un regalo? No puedo creerlo, ¡Es un regalo, abuela levántate! Mira, Ibrahim me ha traído un obsequio —Sharis saltaba de

