Las misiones de Ibrahim

1941 Palabras
La señora Abigaíl, está bastante mayor, le gustan las plantas, les habla y conversa con ellas como si lo hiciera con una persona real… —Abuela, ¿qué te pasa? ¿Estás hablando sola? —pregunta Sharis, al ver a Abigaíl junto a sus matas. —Tengo una conversa con mis plantitas, ellas me escuchan, aunque tú no lo creas, pero ¿Qué vas a saber tú de eso, muchacha? —responde la anciana, mientras acaricia sus hojas. —Lo único que sé, es que estás enloqueciendo, creo que las necesidades atrofian el cerebro, abue. La vida ha golpeado fuerte a la familia, pero no se rinden, siguen en la lucha, sobreviviendo en su agonía. Sharis, sentía algo especial por su ángel, estaba dispuesta a conquistarlo, lo que no sabía era lo contrario de su amigo, estaba estudiando para ser sacerdote, las veces que se habló del tema, ella nunca pudo oír la conversación, por la manera de actuar. Sharis suele interrumpir la mayoría de las veces a las personas que suelen hablar con ella. No atiende algunos llamados y sale mucho de casa. Aquella tarde del jueves, la recuerda mucho. El día del censo, para ella fue como una diversión, lo tomó de una manera ligera, sin problemas ni tropiezos. Se podría decir que sí nota algo extraño en Ibrahim, pero su manera de ver las cosas no la deja percatarse de lo serio que puede ser el asunto. El estudiante seminarista, llegó esa tarde fue a casa de Sharis, tocó por unos minutos y la señora Abigaíl abrió a duras penas, pues sus piernas no le dan para mucho… Tiene 75 años, su tiempo lo siente ya pesado, eso y contado con las necesidades de la vida. — Goeienaand, meneer Ibrahim. — ¿Cómo está, señora Abigaíl? ¿Disculpe que ha dicho? — Solo saludé, dije buenas tardes, señor Ibrahim. Lo hice con mi lengua africana, —corroboró la abuela. — Por supuesto, entiendo, también aprendo idiomas para los seminaristas, es indispensable. — Pase, llamaré a Sharis, ella está descansando creo que lo espera… Tenga mucho cuidado, Jong man, (joven) usted pronto será sacerdote y mi nieta puede estar ilusionándose con usted, para ella sería muy fácil, mire que tiene carencia de cariño. — ¡Lo sé! No se preocupe, puedo manejarlo, créame que ya lo he hecho con ella. — ¿Pero no le ha dicho nada? — Ella no cree en nada de religiones, así que… No se lo he dicho, desaparecerá y no podré ayudarla. — Tal vez tengas razón, joven, lo ayudaré con eso, yo deseo que mi nieta salga de ese mundo lleno de perdición, no es que yo sea muy católica, pero entiendo lo que usted desea hacer ¡Ah! Ahí llega Sharis. — Hola Ibrahim, estaba descansando, cuando una no tiene nada que hacer, pues descansa. — Hola Sharis, sí tu abuela me ha comentado. — Oye, ¿vamos a seguir con el censo? — Sí claro, en eso habíamos quedado ¿lo recuerdas? — Antes… Necesito hacerte una pregunta. — De acuerdo, puedes hacerla. — ¿Para qué es todo esto, vas a traer comida a toda la gente del barrio? — Puede ser, ¿por qué no? —contestó Ibrahim admitiendo de alguna manera su pregunta. — ¿De dónde sacarías tú tanto dinero para traer comida a los más necesitados? — ¡Eso no debe ser problema para traer la ayuda! El gobierno de este país puede ayudarnos, las personas que poseen muchos negocios también y, yo ¡Por supuesto! — Y… ¿Por qué tú? — Seré el mediador para realizar todo, explicarlo sería un poco engorroso, pero yo me entiendo. — Como prefieras, vamos, debemos continuar. ¿Deseas tomar agua antes de irnos? —preguntó Sharis. — No gracias, no deseo nada ahorita, vamos a proseguir… El deber nos llama —asintió Ibrahim. — Sí, exacto, pronto acabaremos con esto, y después, ¿qué? Hacemos todo este trabajo, ¿luego que haremos? — Esperar, solo eso, tener un poco de paciencia, luego te explicaré lo que tengo en mente. Sharis e Ibrahim salieron a continuar con lo que ya habían comenzado, todo estaba saliendo bien, hay sectores de extrema pobreza, donde los más vulnerables, necesitan ser atendidos de urgencia. Ibrahim, se comprometió a ayudarlos, después de ese barrio, recorrerá otros y otros, es la misión que se propuso y la cumplirá antes de graduarse de licenciado en Teología. Tal vez, pueda pasar mucho tiempo en esto, pero es lo que más desea, así como está contando con Sharis, deberá contar con alguien en cada sector que visite. —Nos quedan tres o cuatro edificios, así seguiremos hasta terminar hoy mismo con el último de ellos, ya el próximo jueves, no tendremos la necesidad de andar por aquí o por lo menos yo no lo haré, creo que mi trabajo, termina hoy. Usted irá a otros sectores, barrios… Yo no tendré nada por hacer. — Puedes venir conmigo, igual no son tan lejos de donde estamos. —Alegó Ibrahim. — No sé, es un gran esfuerzo, hacer esto por las personas puede ser por caridad pero el cansancio, el tiempo, todas esas cosas que estamos haciendo, ¿quién nos paga? — Sharis… Son obras de caridad, por eso no se pide dinero, es voluntariado, son trabajos para ayudar a la comunidad o, ¿no has escuchado de lo que llaman labores sociales? — Sí pero no le he dado importancia a esas cosas… Bueno, ya he puesto mi granito de arena en todo esto… Ahora necesito agua. — Vamos, compraremos una botella, ¿dónde hay un lugar por aquí? — Te llevaré, es donde Don Pablo, él nos deja la comida y luego le abonamos… Casi siempre lo hacemos así. Ibrahim y Sharis se encaminaron hacia la bodega. — Señor, buenas, por favor, dos botellas de agua, ¿deseas algo más? —le pregunta a Sharis. — Si puedes, quiero una de esas galletas, ayudan a quitar la ansiedad, contienen mucho chocolate. — El chocolate, no elimina la ansiedad te pones más activa. — ¿En serio? — Estás muy mal informada… Pero si la quieres está bien, te da un poco de energía. Don Pablo les despachó la compra. Ibrahim le agradeció, le dio la botella de agua a Sharis y ella, comentó: — ¡Vamos, es hora! Nos caerá la noche y esto no es muy bueno por aquí, se presentan balaceras, llegan los traficantes a cobrarle a los que les deben dinero y si no les pagan… Comienza la película de acción, mucho plomo a repartir para todo el mundo, este sector es peligroso, por aquí han matado a muchos gorilas. — ¿Gorilas?, ¿Por qué los llaman así? — Cuando pasan a la primera, se esconden a la segunda, se van por las ramas, o sea, solo se asoman y a la tercera, salen furiosos disparando y llevándose a cualquiera por delante. — ¡Vaya! Sí que es peligroso, mejor salgamos de este sitio pronto, no deseo que me aparezca un gorila de esos, quizás a ti no te haga daño, pues te conocen, pero a mí, me perseguirían y, no soy un mono para andar por los bejucos… (risas) Ambos salieron de la zona, bajaron por las calles ya casi solitarias, la tarde cayó de pronto sin darse cuenta, notaron algunos chicos en las esquinas consumiendo drogas, fumando cannabis, parejas besándose sin pudor. Ibrahim un poco asustado viendo tal situación apresuraba más el paso, no deseaba estar tan tarde en Harlem. Sharis vivía en la parte cerca de la calle principal, pero de allí para adentro es un poco más peligroso. — Después de terminar con nosotros de hacer lo que estás haciendo, ¿a dónde iras? — Al Bronx South, allí debo ir también, es grande ese barrio. — Allí abundan las pandillas, el tráfico de drogas es fuerte, debes tener mucho cuidado, es bastante peligroso, son personas de color, pero se odian entre sí. —Dijo Sharis, preocupada. — Pero debo ir, mucha gente me necesita… Debo hacer esto. — No entiendo como expones tu vida, pero si eso es lo que deseas, bien, es tu problema, aún no sé qué tienes en mente. Los negocios en ese barrio están entre rejas, pues los robos son muy frecuentes, matan a la gente por mirarlos mal. En eso no te puedo acompañar, ¡Lo siento! — ¡Está bien! No debes disculparte, lo haré con alguien que conozca la zona, tal vez logre ayudar a muchos. — Te daré una sugerencia, cuando vayas a ese sitio evita ir de noche o más bien que te agarre la tarde cuando ya baja el sol, de verdad, es peligroso, la avenida Westchester y las calles son peores, sobre todo evita ir por la Melrose, Montt Havin, evita a toda costa estar por allí tan tarde, no andes solo por favor, no deseo que te pase nada, sería mi culpa y no me lo perdonaría nunca. — Lo haré, quédate tranquila, sé cómo tratar a esas personas, además Dios está siempre conmigo, no lo olvides Él está donde tú estás, te cuida, te protege, te quiere, aunque te cueste creerlo. — Ibrahim, ¿Será que puedes poner los pies en la tierra y dejar de hablarme de Dios? Sabes como soy con ese tipo de conversaciones religiosas. — Lo sé, discúlpame, solo me extendí un poco. Pero es verdad lo que dije. Ibrahim y Sharis se despidieron, ya él había terminado su misión allí, solo quedaba esperar que llegaran los alimentos y todo lo demás que prometió al sector, al barrio de Harlem. La situación de ir a visitar en otro barrio estaba un poco delicada para el seminarista, era la misión que Dios, en sus sueños le envió para hacer, él solo está cumpliendo con lo que desde pequeño, se prometió a sí mismo. Los alimentos llegarían dentro de unos 13 a 16 días desde Londres a EE. UU, todo andaba sobre ruedas. Sharis no sabía lo que sucedía, pero Ibrahim tenía que confesarle en algún momento de su vocación por el sacerdocio. Ya estaba todo hablado con su padre. El señor Lincolai, debía mandar por barco todos los alimentos para ser distribuidos en los sitios de pobreza extrema, mientras él exista y su padre pueda, lo ayudará a cumplir con su cometido. El sacerdote Francisco de Lima, envió a Ibrahim, con el propósito de estudiar y cumplir con sus misiones, por lo tanto, el seminarista Lincolai Santos, no puede permanecer interno en el colegio San José. Fue enviado por el propio sacerdote, la carrera de Ibrahim dependerá de muchas cosas, pero debe aprender a defenderse de todo y de todos, ubicarse en Manhattan cerca del colegio y visitar los barrios más cercanos, es meterse en la boca del lobo, pero como él dice «Dios está conmigo a donde quiera que voy», la fe del seminarista Lincolai, es muy grande. Los días pasaron rápidamente, el estudiante se paseaba por el Bronx tranquilamente, habló con unos de los chicos, se puso de acuerdo con él para poder pasear las calles y así ver por dónde empezar a hacer el censo. El chico lo conducía sin problemas, Ibrahim le habló claro, el muchacho de unos 17 años llamado Marcos, sería su guía, para entrar y salir sin complicaciones de la zona. Continuó haciendo lo mismo que hacía en Harlem, todo resultó como se esperaba, el cargamento de alimentos estaba por llegar, su papá ya había arreglado todo, era un señor muy bueno, pendiente de ayudar a los demás y a todo el que lo necesitara.
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