Sharis anotó el número sin que el padre se diera cuenta, lo guardó y se despidió. —Adiós papá, gracias por la ayuda, nos veremos luego… Estaré ocupada, puedes llamarme si quieres —salió Sharis, furiosa. El padre, se puso a pensar en algo para ayudar a su hija. Estaba cometiendo un error, él no podía dejar las cosas de esa manera, llamó a un gran amigo, un millonario llamado Said Amir. El hombre no es tan mayor tiene unos 30 años, lo conoció en unos de los talleres, se hicieron grandes amigos. Hablará con él para pedirle ayuda, ha de separar a su hija del seminarista, esa relación no debe continuar. Sharis llegó a casa echa una fiera, no saludó a ningún m*****o de su familia… Entró a su habitación tirando la puerta y haciendo mucho ruido. La abuela y su hermano estaban conversando,

