Diego comenzó a conducir y cada vez se alejaba más del pueblo, Sofía estaba impresionada, nunca había salido de Cholula, conocía casi todos los barrios, porque su abuela acostumbraba ir a misa a cada uno de ellos, gracias a que el padre Julián, oficiaba misa en una iglesia distinta cada semana, si no, únicamente conocería su barrio. Se impresionó al ver la cantidad de autos sobre la autopista, su corazón estaba acelerado por la emoción, sobre todo cuando vio los grandes edificios de cristal en Angelópolis. Diego la miraba de reojo y le causaba risa ver sus reacciones, no cabía duda de que su suegra, había sacado a Sofía, de un convento, o de algún claustro, parecía un animalito asustado, fuera de su zona de confort. —¿Tampoco conocías la ciudad? —Le preguntó por cortesía, pero era obvio

