Cuando doña Juana entró en la oficina sin tocar, Diego estaba de espaldas a la puerta, acomodando el bulto dentro del pantalón y tratando de relajarse para que se le bajara la excitación. —Diego hijo, perdón que te moleste, pero necesito urgentemente de tu ayuda, como tú sabes, en agosto inicia el ciclo escolar y los niños del orfanato necesitan uniformes, zapatos de diario y zapatos deportivos, además de los útiles escolares, el padre Julián ya comenzó con la colecta, pero sabes que las señoras de este pueblo se pasan de pichicatas y no se ha logrado recabar el dinero que se necesita, es por eso que yo me ofrecí a conseguir lo que hiciera falta. Diego volteó a verla ya un poco más relajado, sentía un gran coraje porque cayó en la cuenta, de que tanto Cecilia, como su familia, lo veían c

