Se quedaron abrazados durante un largo rato, Diego le daba pequeños besos en el rostro, le gustaba mucho que Sofía, era cada vez más desinhibida, se estaba convirtiendo en una mujer segura de sí misma y a él le encantaba poder ser el primero en compartir con ella, cada una de las experiencias en su nueva vida, ella había despertado en él una inmensa ternura, quería cuidarla y protegerla, pero sobre todo hacerla feliz. El estómago de ella hizo un ruido extraño y los dos comenzaron a reír. —Tengo hambre—dijo con voz de puchero —, pero no quiero levantarme, quiero estar aquí contigo, disfruto tanto estar así entre tus brazos, que creo que podría volverme adicta a ti. —Yo también quiero estar así contigo todo el tiempo, pero debes comer, anda, vamos juntos a preparar algo de cenar, tenemos

