—No me gusta este lugar, es muy abierto, claro y limpio… me agrada mas mi castillo, es frío y oscuro —comenta Harald, acostado en una enorme cama de sábanas blancas al lado de Elizabeth. Elizabeth estaba acostada a su lado, mientras el antiguo vikingo se encontraba sin camisa. Ella reposaba su cabeza sobre el pecho de Harald mientras se acariciaba, viendo que el rubio tenía bastantes cicatrices. Desde siempre las había notado, pero nunca se había tomado el tiempo para preguntar. Sin embargo, como ellos ahora estaban tranquilos, y había mas confianza entre ellos, la joven aprovechó para despejar esa curiosidad que siempre había tenido. —Harald, ¿Por qué tienes estas cicatrices si puedes curarte? —pregunta Elizabeth, sintiendo como el rubio le acariciaba la espalda. —No todo el tiempo fui

