Capítulo 8. La Cena

872 Palabras

  Después que Elizabeth y Harald tuvieron esa corta conversación, acerca del generoso pago que ella tendría a cambio de cocinar y limpiar ese enorme castillo, la joven no perdió tiempo y comenzó a cocinar porque ella también se estaba muriendo de hambre. Para su sorpresa, Harald contaba con muchos ingredientes para preparar y sazonar carnes rojas, las cuales parecían ser el alimento preferido de ese hombre junto con las papas, un detalle que le pareció muy extraño a la pelinegra, pero ella prefirió guardar silencio y dedicarse a cocinar sin nada de prisa, para que todo saliera bien; sintiendo en todo momento la mirada penetrante de Harald sobre ella. La sensación de ser observada en silencio por aquel extraño hombre rubio, era similar al miedo que se siente cuando un animal peligroso está

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