El rugido que rebotaba en las paredes de aquel vestuario transformado en camarín, fue suficiente como para que los músicos se volvieran a sentir en casa. Era increíble como la memoria podía reactivarse en pocos minutos y lo que habían sido años con sabor a eternidad se convirtieron en una lejanía caída en el olvido. Pato, Roy, Fede y Willy actuaban como si se tratara del show de una gira en la que llevaban meses trabajando, pero sus dedos sudorosos y sus cruces de miradas indican sus verdaderos sentimientos. Estaban nerviosos, aterrados. Habían decidido intentarlo, lo habían conversado durante horas, durante días girando entre sus anhelos y sus temores, con la incertidumbre de lo que podía pasar, con el recelo ante la pérdida del legado. Sabían que habían alcanzado cosas grandes, sabían

