El sonido de la puerta cerrándose parecía el del martillo de un juez dando su veredicto final. Bianca sentía que ya no había vuelta atrás, lo había dejado pasar a su casa, a su intimidad, a un lugar del que no podía huir. La imagen de Willy en medio de su sala lejos de ser abrumadora comenzaba a sentirse acogedora, era como si aquel lugar hubiera sido diseñado para él, como si su presencia, mejorara la estancia, como si se tratara de un sueño que no pudiera hacerse realidad. Llevaba su ropa formal, pero había arremangado su camisa y los tatuajes desviaban cualquier intento de evadirlos. Bianca lo recorrió con sus ojos, ocultándose detrás de su cabello. ¡Estaba tan hermoso! Pensó mientras se obligaba a sí misma a comportarse. -Te faltó firmar unos papeles.- le explicó Willy tomando asi

