Narra Alec. —¿Rafael?—lo llamé. Nada más que su cabeza y cuello se movieron mientras miraba por encima del hombro, pero sus ojos no se encontraron con los míos—.¿Qué está pasando, hombre?—le dije—se dio la vuelta y, mientras lo hacía, noté que sus manos estaban apretadas en puños. Lo recorrí con la mirada sobre todo su cuerpo. Por la mirada brillante en sus ojos y el sudor que le salpicaba la frente, estaba claro que estaba borracho—¿Condujiste en ese estado?—pregunté con calma. Estaba claro que estaba molesto por algo. Algo andaba mal. Dio un paso hacia mí. —No estoy borracho—mintió. Me di cuenta de que estaba mintiendo. Sus palabras se arrastraron juntas. Dio otro paso hacia adelante, tropezando mientras caminaba. —¿Quiere que llame un taxi?—preguntó mi secretaria, con pánico en sus

