Despierto y el cielo raso de la habitación comienza a girar sin parar. Me enderezo en la cama y ahora escucho los latidos de mi corazón en mi cabeza. Fue una mala idea venir aquí y lo fue aún más regresar a los dormitorios y beber hasta olvidar mi nombre, aunque lo que intentaba era olvidar el suyo. —No volveré a beber. —Me siento en la cama sosteniendo mi cabeza con las manos. —Eso no es cierto. Toma, bebe esto. —Me entrega un vaso con agua y una aspirina—. Te sentirás mejor después de comer. —¿Cómo es posible que tú estés bien y yo, hecha un desastre? —La miro y ella luce como si nada, con su cabellera rubia aún húmeda y el olor a flores impregnando el aire. No hay ojeras ni rastros de resaca en ninguna minúscula porción de su cuerpo. —Bueno, yo bebí mucha cerveza, mucha. —Se sienta

