Es domingo.
Valeria ha llegado temprano ya que su día de descanzo ha rotado y ella descanzó ayer sábado. Daniel no vendrá hasta la noche. Javier descanza hoy.
Miguel no ha visto a Valeria en toda la mañana. Aprovecha estas horas para sacar la basura de los basureros y limpiar los lavabos e inodoros que están un poco descuidados.
Mientras tanto, en el salón de tragamonedas, todo es un caos:
Un cliente "revienta una máquina". Las luces se encienden.
Otro cliente más allá hace lo mismo. Dos máquinas encendidas... y de pronto una máquina más.
Valeria no se ve por ningún lado.
Al rato, se abre la puerta del ascensor y aparece Contreras corriendo. Va a las máquinas con los clientes esperando por el pago de su premio.
- ¡Flaco, llama a la supervisora! - le dice Contreras a Miguel que justo en ese instante, sale del baño de hombres con una franela de color amarillo en una mano. Se encuentra con éste espectáculo.
- ¡Voy de inmediato! - Miguel va lo más rápido que puede.
Entra por la puerta de "Solo Personal Autorizado", recorre el angosto pasadizo y llega hasta la oficina de los supervisores.
Valeria esta sentada en la silla tras del pequeño escritorio que usan los supervisores. Ha encendido un viejo ventilador a su derecha que apenas da vueltas medio destartalado y con una hoja de papel como abanico, se trata de ventilar. Hace un calor terrible. Al parecer, le han dejado la ventilación apagada. Ha tenido que desabotonarse un botón del escote en "V" de su blusa.
- Valeria. - Miguel la mira y no puede evitar pensar que se ve bellísima abanicándose con esa hoja de papel. - Hay máquinas con premio.
- No tengo llave. - le dice Valeria con una carita de indiferencia. - No me han dejado llave. No puedo hacer nada.
Miguel se acerca. Valeria está sola. Y es momento de hablar con ella. Inclina su mirada.
- Oye, Valeria yo...
- ¿Hay algo más que quieres decirme? - le dice Valeria. Cuando Miguel la mira ella le esta sonriendo. Él siente que ama a esa chica. La ama, en verdad.
Le ha mostrado otro mundo. Le ha enseñado la importancia de la autoestima, de no rendirse. De por encima de todo, creer en uno mismo. Le ha enseñado que él debe luchar por superarse en esta vida, cosas que él había descartado. Cosas a las que él, a su corta edad, había renunciado:
- Valeria... tú... me gustas...
Valeria da una risotada:
- ¡Jajajaja! Miguel, yo ya tengo novio... ¿no lo sabías?
Miguel le dice:
- No importa. Escúchame por favor. Yo te amo Valeria. Es la verdad. Me has enseñado a ser una mejor persona, a superarme a mí mismo. Yo había renunciado a estas cosas. Desde que quedé huérfano renuncié a vivir para mí... a vivir buscando superarme. Tú eres una chica muy inteligente, muy capaz y sobre todo tienes una gran autoestima. Valeria eres la chica de mis sueños.
Valeria lo mira. Seriamente...
- Valeria yo... - Miguel iba a decir algo más cuando:
- Cierra la puerta. - le dice Valeria seriamente. Miguel cierra la puerta. Voltea y mira que Valeria va hacia él:
- ¿Qué más me vas a decir? - Valeria se le acerca a Miguel... se le acerca hasta tocar con su busto el pecho de Miguel... con sus tacos es un poco más alta que él que no puede evitar temblar. Valeria lo mira seriamente... Miguel cree que está molesta... quizás no ha sido buena idea...
- Valeria... yo... - Miguel traga saliva. Valeria le da un rápido beso.
- Miguel... - le dice mirándole sonriéndole. Miguel bota la franela que tiene en su mano y se abraza a Valeria... y la besa... Valeria también lo abraza...