¡Pum! Me sobresalto en el sofá y miro alrededor de la habitación y más allá de las ventanas en busca del sonido que me ha sacado del sueño. ¿Estaba soñando? En el suelo, junto al sofá, hay una manta de lana gruesa. Debe de haberse caído cuando me levanté del sofá. Me inclino, la recojo y me deslizo de nuevo en el sofá, preguntándome si Bruce me cubrió mientras dormía. Extrañamente confusa, sin noción del tiempo, la realidad parece engañosa, una ilusión en la que me he metido por error. Cierro los ojos y pretendo que todo sea una pesadilla, con la esperanza de despertar en mi cama días antes del asesinato de Kayla y de su frenética llamada telefónica. Pero no es un sueño y mis ojos se abren en la biblioteca de Wheaton. Miro fijamente el borde del sofá, el lugar donde Kayla se sentó hace una

