Las nubes del puerto presagian otra tormenta. Temblando por el drástico descenso de la temperatura, me rodeo la cintura con los brazos y observo cómo anochece sobre la isla. Cierro las puertas del patio y enciendo las luces del porche. Necesito relajarme, me sirvo un vaso de vino y me acerco al sofá, reflexionando sobre las explicaciones de Anne sobre mi infancia y mi creciente empatía por Bruce. Cuando Judith lo arrancó de mi vida, ¿protestó? No puedo imaginarme el dolor de Bruce y Aiden a manos de Judith. "¿Qué opinas de este lío, Kayla?" Susurro, imaginándola respondiendo: "¡Increíble!". El romance de Judith y Bruce la habría intrigado hasta el punto de sondearla implacablemente y diagnosticarle fobia, miedo al amor o a la pasión, si es que existe tal trastorno. El alcohol corre por mi

