Hilda No sabía qué estaba pasando en el pasillo. No tenía idea de quién estaba allí, por qué estaban allí, ni siquiera dónde era "aquí", pero sí sabía una cosa con certeza. Esa puerta estaba a punto de abrirse. A mi modo de ver, existían tres desenlaces posibles. Uno: nada en mis circunstancias había cambiado. Ya fuera el hombre que me había arrojado aquí o uno de sus amigos entraría para lastimarme o llevarme de vuelta a la celda. Dos: las personas que habían estado disparando venían a rescatarnos, ya fuera que su objetivo fuera yo o alguno de los otros, y la persona que abriera la puerta sería segura. O, tres: un grupo rival había entrado para tomar el control, y un completo extraño que podría querer algo más que dinero entraría por mí. La única posibilidad que no podía aceptar ahora

