Aitor Una vez que cerré la puerta del baño de nuevo, me apoyé contra ella, con la mente a mil por hora. ¿De qué demonios se había tratado todo eso? Primero, me gritó, lo cual fue en realidad algo tierno, especialmente cuando le expliqué lo que había hecho y ella se puso toda nerviosa. Luego, se sonrojó de repente, y me tomó un minuto entender por qué. Siempre se me había dado bien leer a las personas, pero incluso un completo idiota habría podido notar que estaba avergonzada... y excitada. Me permití disfrutar el momento, y entonces ella ahogó un grito. Al principio, recordé que no me veía igual sin camisa que hace ocho meses, y supuse que estaba reaccionando a mis cicatrices. En cambio, se había quedado mirando el moretón que me acababan de hacer. Vi su mano moverse. Solo un poco. Alg

