Capítulo 50. Está empeorando y no tenemos remedios aquí Sir Artur se despertó inquieto, había escuchado algo extraño. Salió de su habitación y caminó por el pasillo, siguiendo el sonido de los suaves quejidos que provenían de una de las habitaciones. Abrió la puerta y vio a Adaia acunando a la pequeña Azucena, su hija de tres meses, que estaba visiblemente enferma. La niña tenía una fiebre alta y se retorcía de incomodidad en los brazos de su madre. -- No puedo controlarla – le dijo Adaia, su voz llena de preocupación, ella intentó con unas hiervas, pero toda la medicina estaba en el campamento lejos de ahí, -- Está empeorando y no tenemos remedios aquí – el Doctor Milagro estaba a su lado examinando a su nieta con una expresión de preocupación en el rostro. Sir Artur sintió un nudo en

