~Capítulo 2~Benjamín Dovstolvsky.

3215 Palabras
"CUANDO LA CONOCÍ" —¿Eres capaz de lanzarte de la ventana por mí? —me expreso sarcástico, al ver a la caprichosa con un pie alzado en la ventana. —Sí… —me responde y yo tiro una carcajada. —Basta de juegos Darla. —¡Daria! —me corrige y tiro un bufido. —¡soy Daria!, ni siquiera sabes con precisión mi nombre. ¡Idiota! —Bueno Daria, entonces lánzate si es lo que deseas, no poseo tanto tiempo como para estar perdiéndolo de esta forma —comento mientras termino de ponerme mi chaqueta de cuero para poder irme —tengo una reunión con mi padre en estos momentos, así que cuídate. Cojo la llave de mi moto, mi billetera y sin ninguna preocupación me dirijo hacia la puerta. —¡Benjamín! ¡Lo haré! —grita ella, pero no me detengo porque sé que no hará nada. Ella es una niña obsesionada conmigo que me viene persiguiendo un par de meses atrás, no es la primera vez que intenta amenazarme y esta vez lo admito, es mi culpa, no debí volverme a acostar con ella. Pero ¿Qué me quedó?, estuve tan tranquilo con otras chicas, hasta que ella se entrometió y las botó. Ese tipo de cosas es algo que hace últimamente desde que la conocí en la fiesta de mi primo Piero, el nieto de mi tío abuelo Sebástian, con quién siempre solemos reunirnos para hacer de las nuestras. Sin embargo, desde ahora evitaré definitivamente en ir a lugares frecuentes, ya no quiero tensionarme más con esta chica, estoy cansado. El sexo es bueno con ella, pero no aguanto sus niñerías. Salgo del hotel tirando un resoplido y el sol de la mañana apaña mis ojos, entonces retiro mis lentes de mi bolsillo y me los pongo. «Esto es mierda» Comienzo por rastrear mi moto con la mirada y se me cruza un pequeño flashback borroso de anoche por mi mente. "Llegamos aquí en taxi." «¿Dónde maldición la dejé?» —¡Diablos mi Harley-Davidson! —me cojo de la cabeza y trato de recordar, pasando mi mano por mi sien como loco por la desesperación. Observo hacia todos lados y no logro ubicarme en donde me encuentro. —Mierda, Darla ¿A dónde me trajiste? Intento ver la hora en mi celular, pero está completamente muerto. —¡Joder! ¡No es mi día! —le tiro una patada al tacho de basura en frente de mí, cuando de repente. —¡Hey! ¡tú! ¡Maldito desgraciado! —me giro y se encuentra un tipo completamente de n***o con otros que parecen ser sus subordinados —así que tú eres Benjamín, el bastardo que se ha estado tirando a mi hermana. Aparecen otros más con enormes palos de béisbol. «Lo que me faltaba» —Ahora que te encuentras solo, juro que me la vas a pagar por hacerla llorar. Todos comienzan a correr hacia mí, y tirando un chasquido en tanto reluzco mis ojos en blanco, no me queda otra cosa que correr. «¡joder, joder, joder!» Corro por las calles que ni siquiera jamás he visto antes, parece ser un lugar alejado de la ciudad. «La próxima vez, debo bajarle al alcohol» Empujo a las personas que se me cruzan en el camino y a algunas que otras señoras que se encuentran con sus bolsas de compras también. —¡Lo lamento! —me voy gritando en cada instante. —¡Te atraparemos desgraciado! ¡Por más que corras lo haremos! —vienen los matones como si pensarán que lo harán. «Si tan solo hubiese hecho caso de salir con mis escoltas, no hubiese sucedido esto, pero ¡maldita sea!, ellos le mantienen al tanto a mi padre. De seguro es un hecho que deben estar buscándome en este preciso momento.» Volteo por un pasaje y corro con más velocidad para sacar ventaja, hasta que al salir al instante de salir a la otra calle, me choco con alguien imprevistamente. Comenzamos a rodar juntos por la cera, porque el impacto fue demasiado rápido y fuerte, y al detenernos abro mis ojos percatándome que es una chica. Su rostro está completamente hinchado y parece que justamente la choque mientras estaba llorando. «¿Quién camina en la calle llorando?» Ella me mira y de inmediato frunce el ceño. —¡Suéltame! ¡Idiota! ¿No tienes cuidado? —me quedo atónito, se supone que esta niña estaba desconsolada y ahora me está gritando como si nada. Me percato de la situación, y es verdad, la tengo rodeada en mis brazos; mi única reacción al rodar al mismo tiempo fue abrazarla. —Lo siento —exclamo y me levanto rápidamente alejándome. Me sacudo, mientras la detallo y me doy cuenta de que es una escolar, por el uniforme de secundaria que tiene. Escucho las corridas y las voces a lo lejos, de mis perseguidores e intento escapar sin decirle a ella nada más. —¡Oye! —me grita, mientras ya avancé unos metros y me giro —¿Me lo piensas regalar? —abanica con su mano mi billetera. «¡Rayos, mocosa!» Corro hacia ella de nuevo. Y justo aparecen ellos a una distancia en la que aún podría escapar. —Una mocosa está con él —grita uno en tanto se aproxima. «¡Carajo!» me desespero. —¿Tú eres de por aquí? —le pregunto angustiado. —Sí, ¿por qué? —asiento entonces de inmediato la tomo de su mano y comienzo a correr con ella. —¡Que..! ¡¿Qué estás haciendo?! —Corre, solo corre y no preguntes. —le digo apretando su mano más fuerte para que no se suelte. *** Nos detenemos en una esquina a tomar un poco de aire y me dice con su rostro enojado. —¿Por qué me has arrastrado contigo? —con mi voz agitada le respondo. —Te daré dinero, te daré la mitad de lo que tengo en mi billetera... si... si tú me indicas por donde ir para perder a estos tipos. —ella parece pensarlo y oímos que ellos ya se están acercando de nuevo. —¿Eres un delincuente? —me pregunta en forma desconfiada. —¡¿Crees que tengo cara de delincuente?! —le respondo casi gritando, porque lo sentí como una ofensa —este lindo rostro masculino —me tomo del mentón girándolo de un lado a otro —¿crees que podría ser de un delincuente?¿De verdad? Se cruza de brazos y me mira de pie a cabeza. —¿Entonces porqué te persiguen? —No hay tiempo, ya vienen, te lo diré después. —¡Hey! —Aparecen a unos metros de nosotros y me quedo petrificado. «Me jodí» Pero de pronto la delicada mano de la chica aprieta la mía y comenzamos a correr de nuevo, pero ahora es ella la que me dirige. La sigo mientras nos pasamos por lugares donde nunca me hubiera imaginado estar en mi vida, veo casas que parecen de la baja sociedad, muros pintados de dibujos extraños, casas despintándose y cayéndose a pedazos, y para el remate tienen basura por doquier. «¿Realmente como llegué aquí?» —Agacha la cabeza —me indica ella, para pasar unas cadenas y parece ser que nos adentramos a un campo o algo así. Volteo para ver hacia atrás y no presiento ni escucho a nadie. —¿hace cuanto los perdimos? Me había profundizado en mi mente que ni siquiera me percaté de ello. —Hace un rato, pero no te confíes, por aquí es muy pequeño y de seguro volverán a pasar, mejor adentrémonos más. —yo asiento y seguimos nuestra caminata por en medio de unos enormes arbustos. En tanto ella avanza las plantas chocan a mi cara. —¿Oye niña puedes tener cuidado? —Tú debes evitarlo o no camines muy cerca de mí. —reluzco un chaquito por su altanero comportamiento. —Oye niña, háblame con más respeto, apuesto si supieras quien soy, no me tratarías así. —ella se gira al seco y me pauso a pocos centímetros de su pequeño cuerpo, antes de chocarla. —¿Quién eres? Es algo que quiero saber desde hace rato. —me interroga con sus manos en la cintura. —Luego, te dije, que luego —la evado y la traspaso adelantándome —cuando esté seguro te lo diré. Seguimos caminando hasta aparecer… —¿Un río.? —Si, ya estás al seguro. —me dice y reluciendo un suspiro con alivio de inmediato me tiro sobre el pasto. Por esta vez no me importa maltratar mi ropa, de igual forma la botaré, está llena de sudor y suciedad. Cubro mi rostro tratando de reponerme y su voz me fastidia, otra vez. —¿Y? ¿Me dirás que tipo de persona eres? —me descubro el rostro y la fijo a mi lado ya sentada abrazando sus rodillas. —Niña, ¿No deberías estar en la escuela? —trato de cambiar el tema. —Sí… pero alguien me arrastró y ya perdí el colegio por hoy. —carraspeo sintiéndome algo avergonzado y culpable —además tampoco tenía ganas de ir. De igual forma si no me hubiese cruzado contigo, hubiera venido aquí. Arrugo mi rostro y en un solo movimiento, también me siento. —¿Quieres decir que eres de esas niñas relajadas, que no le gusta la escuela? —tiro una risita. Y a ella no parece darle gracia por nada, solo niega ligeramente con su cabeza—¿entonces? ¿Te levantaste mal de la cama o qué? —Mi tío murió ayer. —me deja frío y dejo de reír, mientras comienzo a observar sus lágrimas recorrer sus mejillas. —Oye niña… no llores, yo… yo no lo sabía. —Está bien… —se inmuta mirando al suelo. —por eso no tengo ganas de nada. —tiro un resoplido con el aire más profundo de mi pecho y le digo. —Sabes… la vida es así, nadie sabe si seguirás viviendo hoy o mañana. Hoy puedes estar aquí, y mañana en un baúl. Todos tenemos nuestro destino ya marcado. Pero no te sientas mal, allá arriba en la ciudad de los muertos, todos los que se fueron, los verás de nuevo cuando tú también te vayas. —¿Por qué no dices cielo? —Porque no creo en eso, no creo en el cielo ni en el infierno, creo que ambas son este mismo mundo. Simplemente para mí, el morir es ir a la ciudad de arriba. —Entiendo… —asiente y la noto más calmada. —bueno y usted, ¿Por qué esta por aquí? ¿Ahora si me lo dirá? Se nota claramente que no es de este lugar. —Bueno, cometí un pequeño descuido, cosas que niñas no deberían saber. —No soy una niña, tengo 16 años —arqueo mi ceja asombrado, porque juraba que tenía 13. —No lo pareces —respondo y ya que, el ambiente es completamente relajante, retiro del bolsillo de mi pantalón un cigarrillo. —¿Vas a fumar? —Si… —le respondo mientras lo pongo en mis labios —¿tienes encendedor? —No, yo no fumo y como ves tengo uniforme ¿Para qué andaría con encendedor? No soy una forajida, señor. —Espera. —me sobresalto y la fijo consternado—¿me has dicho señor? —¿Lo eres no? —A penas tengo 19 —aprieto mis labios, rompiendo el cigarro en dos con mis manos y lo tiro, ella solo se encoge de hombros y no dice nada más —¡aysh! ¡maldición necesito fumar algo! —me cojo de la cabeza y me tiro de nuevo al graz —joder, quiero relajarmeee… —Pues haz otra cosa —me dice. —¿Qué podría hacer?, mi celular no funciona, no puedo escuchar música, ni ver nada. Estamos prácticamente aislados y no hay supermercados, no hay alcohol, ni fuego para fumar. Dime ¿Qué puedo hacer? —Bailar. —¿Bailar? ¿Acaso estás jugando conmigo? —Eso es lo que hago cuando estoy aburrida y estresada. —ella se pone de pie, se retira la mochila y lo deja en el suelo, se sujeta en un moño su cabello suelto y al parecer comienza a realizar estiramientos. —Tú sí que estás mal de la cabeza, niña. —tiro una carcajada aun echado y tapo mi rostro porque el sol está tremendamente quemando. Me quedo inundado en mis pensamientos y de pronto la escucho tararear. «¿Qué le pasa a esta mocosa?» me vuelvo a sentar fastidiado porque solo deseo un momento de silencio y me quedo lelo al ver lo que está haciendo. Comienza a girar en su propio eje, estirando los brazos, y se comienza a mover de una forma subliminal. Por alguna razón me quedo completamente cautivo, ella está bailando ballet de una forma que te hace concentrar en su deleitoso y frágil movimiento como si fuera una rosa danzante. «Es… es grandiosa» Trago saliva. —Esto es lo que hago para no aburrirme ¿genial verdad? —agito un poco mi cabeza para desatontarme. —Si es genial, pero no lo haces bien. —le miento molestándola, ella frunce el ceño y sonrío malicioso. —tengo amigas que lo hacen mucho mejor. Su puchero no se demora en relucir, entonces regresa a sentarse con mala gana. —Eso lo sé, no necesitas decírmelo. —Pero no pareces alguien ignorante, ¿alguien te enseñó? —asiente. —Mi tío. —oh… comprendo. —Ahora que él se fue, no tendré donde practicar más y me siento también triste por ello, él era el único que me alentaba. —comenta mientras se pone la mochila de nuevo. —Bueno, si ese es tu sueño, solo síguelo. —Como si fuera fácil, mis padres a las justas me dan de comer, tengo que trabajar con algunas vecinas como niñera para juntar algo de dinero y comprarme ropa. ¿Y crees que podría pagarme una escuela? —reluce un bufido —ya realmente quisiera… —Niña… ¿Eres pobre? —me muestro curioso. —¿A qué le dices pobre según tú? —Bueno a las personas que trabajan para comer y no para divertirse. —se queda viéndome con un gesto que no comprendo y me dice. —Eres extraño. —¿Yo? Más bien pienso que es al revés. —reflejo ironía. —En fin, mi vida se volvió más que un desastre. —Increíble, me acabo de dar cuenta que nada es fácil, todos sufrimos de distintas formas, tú te preocupas por trabajar porque tus padres no te toman atención, en cambio yo, paso todo lo contrario, debo aguantar a mis padres que siempre están sobre mí. ¿Sabes que es sentir que tus padres quieren que seas perfecto? ¿O sabes que es que te obliguen a querer manejar un cargo que no quieres? —¿A qué te refieres? ¿Tu papá quiere que trabajes con él y no te gusta su trabajo? —asiento. —Sí, algo así. Pienso que es mucho para mí, realmente me gusta esta vida relajada, sin nada de preocupaciones, pero al parecer eso pronto se acabará porque dicen que ya estoy llegando a la edad donde me harán subir a un mando alto. —¿A qué te refieres con mando alto? —Gerente —miento riendo algo tímido—para ser gerente de la empresa de mi padre. —Ah… o sea quiere decir que eres un niño rico que, le gusta ser un vago y que no quiere trabajar nunca. —Oye… —arrugo mi rostro por su incómoda respuesta, que parece ser un chiste, pero al final creo que es verdad —no seas tan intuitiva delante de mi ok. —peino mi cabello acomodándolo en su lugar. —Deberías esforzarte. —me admiro por su ánimos — Cómo ves hay otros que quisieran al menos tener un trabajo decente y ganar lo suficiente. —Es difícil. —respondo agachando la mirada. —Solo confía en ti. —no tengo palabras ante lo que acaba de decir y ella parece notarlo, entonces intenta cambiar de tema —Bueno… y… ¿Cómo te llamas? —Yo Benjamín —sonrío de oreja a oreja para olvidar el tema hablado —el muy apuesto Benjamín Dovstolvsky. —poso mi mano en mi mentón, reluciendo mi belleza. —Wowww… apellido ruso ¿verdad? —confirmo. —¡Ujum! Si… soy de una generación pura. —suelto una risita. —¿Y tú? ¿Cómo te llamas? —Me llamo Stella Baroni. —Baroni… neta italiana. —Así parece… —se expresa irónica. Me siento tan cómodo que me quedaría hablando con esta niña, pero de pronto. —Señor Dovstolvsky. —aparecen como 20 hombres de n***o rodeándonos. «Los hombres de mi padre» Fijo a Stella y ella parece asustada. —¿Qué sucede? —me pregunta mientras me pongo de pie y me sacudo. —Son los guardaespaldas de mi padre Stella. —hago un chasquido con mis dientes y los fulmino. —¿Cómo me encontraron Vladimir? —le pregunto al secretario de mi padre. Él se queda callado y observa mi pie. —No me digas que… —me saco el zapato de mi pie izquierdo y rompiendo la plantilla veo un pequeño rastreador. —¡Catzo!(carajo) ¿Me mantuvieron monitoreando todo el tiempo y no me ayudaron? —Su padre dijo que le dejemos que aprenda su lección. Sin embargo, de todos modos, si les hubiesen atrapado hubiéramos interferido. «corrí como estúpido por mi vida» lo aniquilo con mi mirada apretando mis puños. —Bueno, Señor es hora de irnos —Giulio y Joaquín vienen y me toman del brazo. —¿Qué hacen? Yo puedo ir solo —me comienzan a llevar a la fuerza. —Perdone, Señorito Dovstolvsky, pero no podemos correr el riesgo de que se escape de nuevo, su padre lo está esperando. —¡Dije que me suelten! —me desprendo de ellos sacudiéndome y me acerco a Stella que me mira algo asustada por la cantidad de hombres al parecer. Le extiendo mi mano, para ayudarla a ponerse de pie y me corresponde, entonces retiro mi billetera y le digo. —Esto es tuyo, gracias por ayudarme. —se lo doy completa y me doy media vuelta yéndome. —¿Me das toda tu billetera? —asiento y sigo mis pasos mientras los hombres se me apega caminando literalmente alrededor mío. Subo al auto con mal humor estirando mi chaqueta, en tanto Vladimir se posiciona a mi lado. —Señor, discúlpeme mi impertinencia, pero ¿en su billetera no están sus documentos personales también? —asiento sonriente. —Si… —¿Y por qué se lo dio todo? —Para que algún día me busque y me lo regrese. —sonrío —o si no vendré por ello, yo mismo de nuevo. Sé que quizás haya un 80% de que eso no pase, pero al menos siempre me recordará, aquella linda niña de ojos cafés claros.
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