La madrugada se cernía sobre la ciudad con un aire pesado y expectante. Las calles vacías y los rascacielos oscuros parecían testigos silenciosos de la batalla inminente. En la mansión de Samuel, la preparación para el enfrentamiento final estaba en marcha. Hombres leales, seleccionados con cuidado a lo largo de los años, se reunían en las sombras, listos para el llamado definitivo. Samuel, sin la máscara que había ocultado su rostro durante tanto tiempo, se movía con una calma calculada. La determinación en sus ojos brillaba como acero templado. Con Dante a su lado, revisaba los últimos informes sobre el paradero de Víctor. El silencio en la sala era absoluto, roto solo por el crujido ocasional del fuego en la chimenea. —¿Dónde está? —preguntó Samuel con voz baja pero firme. Dante, rev

