La ciudad dormía bajo un cielo cubierto de nubes, pero Camila no sentía paz. Su mente estaba atrapada en la encrucijada de preguntas y sospechas que la atormentaban desde la cena con el Enmascarado. Había algo en su voz, en su presencia, que no podía ignorar. Necesitaba saber la verdad, aunque le costara enfrentarse a un misterio que cada vez se volvía más personal. Vestida con un abrigo oscuro, se dirigió nuevamente a la mansión en las afueras, impulsada por una mezcla de determinación y temor. Esta vez, no esperó invitación. Golpeó la puerta con firmeza, su respiración agitada por la urgencia. El mismo guardia que la había recibido antes abrió la puerta y, sin siquiera preguntar, la condujo al salón principal, donde el Enmascarado la esperaba junto al fuego. Cuando entró, él se levant

