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2776 Palabras

Alana entraba a la casa, esa casa a dónde la llevaron cuando salió de prisión. Para su sorpresa si había alguien ya esperándolo. No dijo nada, saco un cigarrillo y lo encendió. — Tu idea suena a una locura Alana. — Pero acabaría con todos los que asesinaron a tu primo y mi pareja y mi mejor amigo - Alana saco el humo y lo miro - Sin decir que nos ganaríamos el respeto de muchos. — Y tendríamos buen apoyo si lo vemos del lado amable, porque del lado malo - suspiro - Posiblemente nos maten. — No lo harán - le sonrió - Se lidiar con ellos, confía en mí. Dentro tenemos todo lo que necesitamos - lo miro – Los que han metido a prisión, tus amigos. — Nos apoyaran sin importar el daño - susurro. — Y no mencionemos que tengo un par de oficiales dentro, entre ellos alguien importante que se en

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