El dictamen de Maddox los inquietó a todos, sobre todo, a Armand, y más cuando vieron que Alana lo apoyaba declarando que no iría a ninguna parte sin él. Aquello dejaba sentado que, a pesar de que Maddox aún no la había reclamado como su hembra, entre ambos existía un sentimiento poderoso que los dos aceptaban por completo. —Hija, tienes que pensarlo mejor —intentó mediar Francine cuando le dieron la oportunidad de estar a solas con la loba, en la habitación que le habían concedido. —Lo he pensado mucho estas semanas. Maddox es mi predestinado, quiero estar con él. —Es muy pronto para tomar una decisión de ese calibre, más aún, si tu vida no está estabilizada. Yo te recomiendo que se den un tiempo para que tú conozcas a tu manada y todos los recuerdos de tu madre. Luego, veremos cómo s

