Las notas de un cuarteto de cuerdas flotaban suavemente en el aire cuando las puertas laterales del salón se abrieron una vez más. El murmullo constante de la alta sociedad se congeló por un segundo, como si una corriente invisible hubiera recorrido el ambiente. Los flashes se activaron con furia. Karina había llegado. Vestía un vestido rojo pasión, de tela satinada y corte sirena, con un escote profundo y espalda descubierta. Su cabello recogido en un moño pulido dejaba al descubierto los pendientes de diamantes que centelleaban con cada movimiento. Caminaba despacio, casi con teatralidad, sabiendo que todas las miradas estaban sobre ella… exactamente como le gustaba. Las cámaras la acapararon al instante. Periodistas y reporteros gráficos se agolparon como abejas al polen. Algunos in

