La chica de Rancho

1643 Palabras
iv la historia de Marcela: Marcela estaba disfrutando de su vida universitaria. Estaba estudiando agricultura y medicina veterinaria, y le encantaba aprender sobre los animales y las plantas. También estaba involucrada en un club de estudiantes que se centraba en la sostenibilidad y el medio ambiente. Además de sus estudios y actividades universitarias, Marcela también pasaba tiempo en el Rancho de su abuelo. El Rancho era un lugar hermoso donde se criaban animales y se cultivaban frutas y verduras. Marcela amaba ayudar a su abuelo con las tareas del Rancho y aprender sobre la vida rural. Un día, mientras estaba en el Rancho, Marcela recibió una llamada de Sofía. "Hola, Marcela! ¿Cómo estás?", preguntó Sofía. "Estoy bien, Sofía. ¿Y tú?", respondió Marcela. "Estoy bien también. Escucha, estoy trabajando en un proyecto para crear un equipo de fútbol femenino en la universidad y necesito tu ayuda", dijo Sofía. Marcela se sintió emocionada. "¡Eso es genial! Me encantaría ayudarte", dijo. Sofía le explicó que estaba buscando a alguien que pudiera ayudarla a promocionar el equipo y a encontrar jugadoras interesadas. Marcela se ofreció a ayudarla y pronto se encontraron trabajando juntas en el proyecto. Mientras trabajaban en el proyecto, Marcela y Sofía se dieron cuenta de que tenían mucho en común. Ambas amaban los animales y el medio ambiente, y ambas estaban apasionadas por el fútbol. Sin embargo, Marcela aún no conocía a Sebastián, aunque Sofía le había hablado de él. Marcela se preguntaba quién sería el misterioso Sebastián que había ayudado a Sofía a crear el equipo de fútbol femenino. Marcela se levantó temprano, como siempre, para ayudar a su abuelo en el Rancho. El Rancho de su abuelo era uno de los más prósperos de Massachusetts, conocido por su ganado de alta calidad y sus sembrados de frutas y verduras frescas. Mientras caminaba por el Rancho, Marcela veía los campos verdes donde pastaban las vacas, las cabras y los cerdos. También veía los sembrados de maíz, trigo y cebada, que eran los más importantes para el Rancho. Su abuelo siempre decía que el secreto del éxito era la dedicación y el trabajo duro. Marcela amaba el Rancho y siempre había soñado con quedarse a cargo de la administración cuando su abuelo se retirara. Era una tarea difícil, pero Marcela estaba dispuesta a aprender y a trabajar duro para lograrlo. Su abuelo, don Pedro, era un hombre sabio y experimentado que había dedicado su vida al Rancho. Había criado a Marcela desde que sus padres murieron en un accidente cuando ella tenía solo 10 años de edad. Don Pedro siempre había sido un padre para Marcela, y ella lo amaba y respetaba con todo su corazón. Mientras trabajaban en el Rancho, Marcela y don Pedro hablaban sobre los planes para el futuro. Marcela le contaba a su abuelo sobre sus sueños y aspiraciones, y don Pedro la escuchaba con atención y orgullo. "Abuelo, quiero quedarme a cargo del Rancho cuando tú te retires", le dijo Marcela un día. Don Pedro sonrió y le puso una mano en el hombro. "Eso es lo que quiero, Marcela. Eres la única que puede continuar mi legado". Marcela se sintió emocionada y agradecida. Sabía que tenía que trabajar duro para lograr su sueño, pero estaba dispuesta a hacerlo. Marcela estaba emocionada de empezar su primer semestre en la Universidad de Harvard. Había trabajado duro para obtener una beca y estaba decidida a hacer lo mejor de su tiempo en la universidad. Aunque solo llevaba dos meses en la universidad, Marcela ya se estaba ajustando a la vida estudiantil. Estaba disfrutando de sus clases de agricultura y veterinaria, y estaba empezando a hacer amigos en el campus. Sin embargo, Marcela también se estaba enfrentando a algunos desafíos. Algunos de los alumnos de Harvard eran niños de familias ricas y prejuiciosos, que la miraban con desdén al saber que era una chica de Rancho y que había obtenido una beca para estudiar. Marcela se sentía molesta cuando algunos de los alumnos la trataban con condescendencia o la excluían de las actividades sociales. Pero no se dejó intimidar. Sabía que era una de las mejores estudiantes de su clase y que tenía mucho que ofrecer. Había trabajado duro para obtener una beca y estaba decidida a hacer lo mejor de su tiempo en la universidad. Aunque solo llevaba dos meses en la universidad, Marcela ya se estaba ajustando a la vida estudiantil. Estaba disfrutando de sus clases de agricultura y veterinaria, y estaba empezando a hacer amigos en el campus. Sin embargo, Marcela también se estaba enfrentando a algunos desafíos. Algunos de los alumnos de Harvard eran niños de familias ricas y prejuiciosos, que la miraban con desdén al saber que era una chica de Rancho y que había obtenido una beca para estudiar. Marcela se sentía molesta cuando algunos de los alumnos la trataban con condescendencia o la excluían de las actividades sociales. Pero no se dejó intimidar. Sabía que era una de las mejores estudiantes de su clase y que tenía mucho que ofrecer. En lugar de dejarse vencer por los prejuicios, Marcela se enfocó en sus estudios y en su pasión por la agricultura y la veterinaria. Estaba decidida a demostrar a todos que era una estudiante capaz y que estaba allí para aprender y crecer. Marcela había aprendido a dividir su tiempo entre la universidad y el Rancho donde trabajaba ayudando a su abuelo desde pequeña. De lunes a viernes, se enfocaba en sus estudios en la Universidad de Harvard, mientras que los sábados y domingos los pasaba en el Rancho, ayudando a su abuelo con las tareas diarias. En el Rancho, Marcela se sentía en su elemento. Amaba estar rodeada de los animales, especialmente las vacas, y disfrutaba del trabajo físico que implicaba el cuidado de los sembrados y el cultivo de las plantas. Además, su abuelo le había enseñado desde pequeña el manejo del Rancho, por lo que Marcela estaba muy familiarizada con las tareas y responsabilidades que conllevaba. Sin embargo, en la universidad, Marcela enfrentaba un ambiente muy diferente. Muchos de los estudiantes eran de familias ricas y prejuiciosos, y Marcela se sentía a menudo como una extraña en su propio entorno. A pesar de que estaba decidida a no dejarse intimidar, Marcela no podía evitar sentirse un poco abrumada por la presión social y académica que la rodeaba. Y justo cuando Marcela pensaba que las cosas no podían ponerse más difíciles, su camino se cruzó con el del chico más popular de la universidad. Sebastián era guapo, carismático y tenía un encanto que hacía que todos los estudiantes de la universidad se volvieran locos por él. Marcela no era la excepción, y aunque trató de resistirse, no pudo evitar sentirse atraída por su encanto y su sonrisa. Pero Marcela sabía que no podía permitirse el lujo de distraerse con romanticismos. Tenía que mantener su enfoque en sus estudios y en su futuro, especialmente si quería hacerse cargo del Rancho algún día. Así que trató de mantener su distancia con Sebastián, aunque no pudo evitar preguntarse qué pasaría si se atreviera a acercarse a él. Marcela no se atrevió a acercarse a Sebastián, aunque lo encontraba muy atractivo. Sebastián, por su parte, también estaba interesado en Marcela, pero no se acercó a ella por miedo a que sus compañeros de equipo se burlaran de él. Los compañeros de equipo de Sebastián habían notado que Marcela era una chica un poco diferente, y se burlaban de ella llamándola "friki" o "rara". Sebastián se sentía incómodo cuando ellos se burlaban de Marcela, pero no dijo nada para defenderla. Aunque Sebastián no se acercó a Marcela, no podía evitar mirarla de vez en cuando. Le gustaba su forma de ser tranquila y misteriosa, y se preguntaba qué habría detrás de esa fachada. Marcela, por su parte, no se dio cuenta del interés de Sebastián. Estaba demasiado ocupada con sus estudios y su vida en el Rancho para prestar atención a los chismes de la universidad. Así que los dos continuaron viviendo en paralelo, sin saber que ambos estaban interesados el uno en el otro. Pero el destino tiene formas de unir a las personas, y pronto Marcela y Sebastián se encontrarían en una situación que cambiaría todo. Marcela y Sofía estaban sentadas en la biblioteca de la universidad, estudiando para un examen de agricultura. Marcela se detuvo un momento y miró a Sofía con una sonrisa. "Sofía, necesito contarte algo", dijo Marcela, con un tono de voz baja. Sofía la miró con curiosidad. "¿Qué pasa, Marcela? ¿Qué quieres contarme?" Marcela se inclinó hacia adelante y bajó la voz. "Me gusta mucho Sebastián", dijo, con un rubor en las mejillas. Sofía se sorprendió. "¿Sebastián? ¿El jugador de fútbol?" Marcela asintió con la cabeza. "Sí, ese mismo. Me gusta mucho, pero no sé si él siente lo mismo". Sofía sonrió. "Bueno, Marcela, no te preocupes. Sebastián es un buen tipo. Seguro que él también siente lo mismo". Mientras tanto, Sebastián estaba en el campo de fútbol, entrenando con su equipo. Después del entrenamiento, se acercó a Sofía, que estaba sentada en la grada, mirando su teléfono. "Hey, Sofía, ¿qué haces aquí?", le preguntó Sebastián. Sofía lo miró con una sonrisa. "Estoy esperando a Marcela. Estamos estudiando juntas para un examen". Sebastián se sorprendió. "¿Marcela? ¿La chica del Rancho?" Sofía asintió con la cabeza. "Sí, esa misma. ¿Por qué?" Sebastián se encogió de hombros. "No sé, me parece interesante. ¿Qué tal es ella?" Sofía sonrió. "Marcela es una persona increíble. Muy inteligente y trabajadora. Y también es muy amable y simpática". Sebastián se quedó pensando un momento. "Me gustaría conocerla mejor", dijo finalmente. Sofía lo miró con una sonrisa pícara. "Bueno, Sebastián, no te preocupes. Seguro que tendrás la oportunidad de conocerla mejor pronto".
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