- ¿Qué se supones que haces? - para que desabrocha su camisa. La situación la tiene nerviosa. El hombre sigue en su labor, tranquilo, sin darle una sola mirada. Luego de liberar los botones de sus puños elevó las mangas hasta los codos. Dejó al descubierto parte de su pecho. Hoy no lleva corbata, con soltar dos botones le dio una vista perfecta del torso de acero que cubre la camisa. Coloca la chaqueta en el respaldo de una silla mientras avanza hacia donde esta Liana. El sudor la cubre, aun estando debajo de la salida del aire acondicionado. Ya no le queda saliva para tragar. Gasto todos los latidos, ahora su corazón papita una vez por minuto. No sabe por qué, pero sintió la necesidad de humedecerse los labios, pasa su lengua varias veces por ellos sin lograr eliminar la resequedad. Su

