Capítulo 38

1531 Palabras

💔 El rugido del motor se apagó, y de pronto, el mundo se redujo al espeso silencio dentro del auto, estacionado frente a mi casa. La luz amarillenta de la farola se filtraba por el parabrisas, iluminando la tensión palpable que nos envolvía. Ya no se escuchaban nuestros jadeos. Solo el repiqueteo suave de la lluvia comenzando a caer sobre el techo de metal, como una canción de cuna para una pesadilla. Yo miraba fijamente la ventana de mi habitación, oscura y lejana, un santuario inalcanzable. El sabor de Harry en mis labios ya no era pasión; era un fantasma, un recordatorio amargo y adormecido de lo que acabábamos de hacer y de todo lo que habíamos destruido. Él no movía. Sus manos seguían aferradas al volante a las diez y dos, como un piloto en shock después de un accidente. Los nudill

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