El aroma a ajo y romero salía de la cocina de mi casa, un olor que siempre había significado felicidad y hogar. Hoy, sin embargo, el hogar se estaba expandiendo. —¿Crees que le guste el pollo asado a la esposa de tu papá? —preguntó mi madre, revolviendo la salsa con un poco de nerviosismo. Llevaba su delantal favorito, el de flores, y se había arreglado con un cuidado especial. —Mamá, va a estar todo delicioso, tranquila —dije, cortando la ensalada. Era surrealista preparar una cena en nuestra casa para el hombre que había sido su esposo y su nueva familia. Pero también era... correcto. —Es solo que quiero que todo salga bien. Para ti —susurró, y su sonrisa era un poco triste pero sincera. El timbre sonó y nos miramos. Era el momento. Al abrir la puerta, estaba mi padre con Marta, su e

