Sus manos atraparon sus brazos, que reposaban a ambos lados de su cuerpo y las colocó alrededor de su cuello como pudo antes de capturar sus labios suavemente con los suyos, tocándolos, sintiendo cómo algo presionaba contra su pecho y finalmente estallaba en todas direcciones como fuego artificial en la oscuridad. Sus labios sabían a manzana y su dulzor no tardó en invadirle todos los sentidos. —¿Tan nerviosa te pongo? —preguntó con una sonrisa, separándose y tomándole uno de sus brazos, tanteando hasta encontrar el brazalete alrededor de su muñeca—. Dame eso, no lo necesitas ni necesitas nada que venga de ese. ¿No dices que estamos en una relación acaso? Si estamos en una, me perteneces y no pienso compartirte con nadie más. La chica elevó la mirada con el fulgor incrementándose en su

