De nuevo, la voz del orador resonaba en todo el salón de forma solemne, pero esta vez parecía querer hacer eco al ratificar lo que todavía nadie podía creer. — Démosle la bienvenida al señor Patrick Collins Sinclair. Los pocos aplausos que sonaron en el salón, eran sin ritmo, como si un zombi o como si un robot estuviera trabajando en automático, Patrick desplegó aún más su sarcástica sonrisa, pues es silencio solo demostraba la impresión y el impacto que causaba con su entrada. Walter sintió como se le tambaleó el mundo, con la boca abierta e incrédulo a lo que sus ojos veían, él no paraba de deslizar la mirada entre Patrick y Nicole, de un lado para otro, una y otra vez. ¿Qué significaba todo esto?, ¿ese hombre no era un gigoló, un simple prostituto, un don nadie que estaba con ella

