Mount —¡Tú, desgraciado! ¡Ven aquí! Irás a la cárcel por esto. Me interné entre la multitud, golpeando a los turistas al pasar por su lado y girando de un lado para otro con la intención de despistar al hombre que me perseguía. Una lástima, porque no pude aprovechar la distracción para robar más carteras repletas ni más relojes buenos. Y todo porque quería comerme una barrita de Snickers para calmar el hambre durante unas cuantas horas y no me apetecía desprenderme de parte del dinero que tanto me había costado ganar. Vivir en las calles de Nueva Orleans siendo un niño no era para pusilánimes. La cara oscura de esa ciudad podía devorarte y escupirte en un abrir y cerrar de ojos. «No hagas amigos. Haz aliados. Pero no te atrevas a confiar en ellos más de la cuenta.» —¡Te he pillado, ch

