Esa mañana tuve especial cuidado en arreglarme. Me desperté un poco más temprano de lo habitual para alisarme el cabello y elegir nuevamente la ropa, porque la seleccionada en la noche de ayer no combina con el estado de ánimo que tengo hoy. Me siento feliz, ansiosa de volverlo a ver. Mi madre y Fernanda quedaron locas al verme despierta primero que ellas. Tanto que me dio tiempo de preparar el café y el desayuno para las tres. - ¿Manita que te está pasando? –me pregunta curiosa en tono bajo- voy a pensar que estas sufriendo de trastorno bipolar. - No seas exagerada, come que se enfría –le digo volviendo a mi habitación-. A las seis y media de la mañana escuche mi teléfono repicar, emocionada por imaginar de quien se trataba acudí a contestar sin ver la pantalla. -

