CAPÍTULO 2
Antes porque John se la pasaba con su padre, el distinguidísimo tío Edward en algún lugar paradisiaco y Camila era la única que viajaba para cenar con la abuela, así como con Larry quien era el que siempre se ha ocupado de las empresas “por así decirlo.” Se decía por ahí, que Edward Macmillan no tardaba en regresar a Boston, para tomar las riendas de esta división, ya que Larry siempre se había ocupado de la división de América y Sudamérica , pero por los últimos comunicados, decía que ya que quería pasar una larga temporada en américa.
La más emocionada de todo esto era mamá Elena, ya que ella no paraba de hablar sobre el regreso de su nieto, Camila la verdad no se inmuto ante la noticia, esa mañana estaba en el comedor desayunando.
—Hija le pedí a mi nieto que llegará para tu cena de cumpleaños y que de una vez se haga la presentación de que regresará a la empresa como el presidente de este conglomerado. Me da muchísima emoción de que pronto estará a mi lado. —dijo mamá Elena, bebiendo del jugo de frutas que le preparaban todas las mañanas.
—Me da gusto que esté así de contenta, la verdad yo casi no lo recuerdo, así que será como conocer a alguien que llega de invitado a esta casa. —comento Camila picando algo de fruta.
—Sé que se llevaran muy bien, solo espero que ya estando aquí Edward siente cabeza, se case y me comience a dar nietos, ya que al menos quiero que la dinastía Macmillan crezca por lo menos de ese lado de la familia— comentó mirándola con una sonrisilla en la cara.
—¿Qué? Me perdí de algo—pregunto Camila llevando una tostada en la boca.
—Bueno, cuando me darás la noticia de que te vas a comprometer con Diego, digo es un buen prospecto para que te cases, ya lo investigue y mejor hombre no puedes encontrar, también quiero nietos de tu parte —dijo mamá Elena, bebiendo de su taza de café.
—Mamá Elena yo ni siquiera tengo pensado en comprometerme, ni mucho menos casarme y ser madre, bueno tampoco está en mis planes, aparte que Diego solo es mi amigo, ni él ni yo hemos pensado en que somos una opción. Tanto él como yo tenemos proyectos a largo plazo, si salimos, pero no como pareja, aun no llega él que me haga soñar con mi cuento de hadas—. Dijo Camila, levantándose para irse ya que se le hacía tarde para irse a sus prácticas. —Nos vemos en la tarde abuela, hoy comeré con Sabrina así que no me esperes—dijo dándole un beso en la mejilla, para ir por sus cosas e irse.
—Esta muchacha, solo no quiero morir sin ver un nieto y parece que a todos les ha dado por huirle a esa parte de la vida, solo espero que mi nieto si me de lo que deseo.
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Edward era un hombre muy práctico, desde muy joven tuvo que hacerse cargo de la empresa, así como las decisiones de la familia, había crecido en un hogar privilegiado lleno de lujos y sobre todo de cariño. Sus padres lo desearon mucho, aunque tardó muchos años en llegar. Pero esas fechas tardías habían hecho que sus padres lo adorarán, cuando sus padres fallecieron Edward solo tenía doce años y su hermana dos años después falleció, apenas acababa de cumplir 16 años. Su único sostén en la vida se había extinguido con un cáncer que arrasó con la estabilidad de la familia.
Su abuela a la que llamaban mamá Elena, le pidió que regresara a Boston para que lo conocieran como el dueño de empresas Macmillan, ya que todos sus estudios los había hecho en Suiza. En una de las universidades de renombre más caras que puede haber. De ahí se dedicó a trabajar en la división de Europa y Asia, muchos creerán ¿Para qué querían más dinero? Si ya eran millonarios, o que eran una familia que quería más y más, pero la verdad era que mucha gente dependía de la empresa para vivir. Ellos eran el sostén de cientos de familias que trabajaban para el conglomerado y eso había crecido con los años. Su padre siempre le decía que él tenía una carga muy grande, que debía tener eso siempre presente.
Edward no tenía pensado regresar todavía, puesto que le encantaba su trabajo en esa parte del mundo. Solo que su abuela casi le había suplicado que regresara, que ya tenía mucho tiempo fuera del país y que ya era tiempo de que lo conocieran. Que la mayoría de los accionistas, así como los empleados y ni que decir que hasta la sociedad, ni sabía de él, Edward era todo un misterio, alguien quien solo está en nombre, pero no en persona.
Larry su hermano del alma, siempre se ha hecho cargo de la división de América, Edward solo iría por protocolo hacer acto de presencia para algunas reuniones, la verdad es que Larry hacía excelente su trabajo, y Edward más que nadie sabía que no lo necesitaba. De hecho, era Edward quien siempre lo llamaba para pedir su opinión en alguna toma de decisiones con respecto a la empresa.
Larry tuvo el privilegio de tener al mejor de los profesores, “su padre”. Si él viviera, Edward estaba seguro que se sentiría muy orgulloso de Larry y él también. Larry había sido el mentor de todos, que Edward no daba un paso sin que él lo supiera. Su única compañía, el hombre de quien le enseñó todo lo que sabía. Desde muy joven era su mentor, Larry estuvo muy enamorado de su hermana Noelia, que a Edward le daba pesar de que él solo siguiese sumergido en una soledad de la cual no puede salir.
La abuela Elena, le había pedido muy encarecidamente que llegará a la fiesta que se daría en la mansión, ya que Camila su sobrina adoptiva iba a cumplir años. 24 para ser exactos y que aparte sería un doble festejo, debido a que se acababa de graduar de su maestría. También llegaría John que trabajaría junto con él y que deseaba que ya se integrarán como familia. Debía confesar que ese término, no estaba muy bien definido en su vocabulario, ya que hace mucho tiempo que no estaban juntos por múltiples ocupaciones. Cuando él terminó su doctorado, sólo se enfrascó en su trabajo que ni tiempo tuvo de que se hiciera un festejo familiar. En las vacaciones muchos se iban con sus familias y Edward, solo se iba a trabajar para mantener la empresa familiar como una de las mejores.
Siempre fue muy mujeriego, Edward no era ningún santo, su estatus le daba la elección de tener a la mujer que se le antojase, pero aún estaba en la espera de encontrar a esa mujer que sería la que realmente le diera lo que deseaba, una familia.
Mamá Elena lo llamó esta mañana, le dijo que por nada del mundo quería que se perdiera el festejo. Ya tenía sus maletas en el avión y todo estaba listo para salir, al subir al avión lo recibieron con una azafata brasileña que lo dejó sin respiración. Era grandota como le gustaban, que desde que lo vio subir la escalinata del avión y tomar su asiento, le comenzó a coquetear.
El viaje fue placentero, más porque la linda azafata le dio un trago, que cuando ella se agacho lo dejó ver más allá de solo una bebida, indicando que si quería algo más estaba dispuesta. Edward solo la cargo en sus piernas y la comenzó a besar. Pero el viaje fue muy corto y lo había dejado caliente, así que cuando bajaron en el hangar Edward la invitó para que continuara en algún lugar a lo que la brasileña no se negó.
La llevó a un hotel el cual era de su familia, Edward solo pidió una suite en la que desde que iban en el ascensor, la comenzó a devorar, esa piel color de ébano que le encantaba. La arrinconó en una parte de esa caja metálica y sin más le rompió las bragas. Para esas él ya estaba como una roca, al sonar el timbre solo se recompusieron muy poco y entraron a la suite. En la cual como un animal Edward la comenzó a besar, quitando toda la ropa que le estorbaba, sobre todo la de ella que lo tenía demasiado lujurioso desde que estaban en el avión.
Ella estaba tan mojada, que no necesitaba preámbulos para penetrarla, Edward buscó en su pantalón un condón y en cuanto se desnudó, se lo puso de inmediato. Deseaba estar dentro de ella, que sin más la penetró en lo que ella solo gimió cuando lo hizo.
— Te deseé desde que te vi— le dijo en cuanto la estaba poseyendo, Edward solo beso su piel devorando sus senos que eran bastantes rellenitos. Y ni qué decir de su retaguardia, que cuando la volteo está en todo su esplendor. Edward volvió a entrar en ella que en cuanto lo hizo de nuevo, comenzó a moverse a su ritmo, sintió sus espasmos, que Edward sintió que sus fluidos bañaban su m*****o. Aun con el condón sentía la lava, que hizo que por una estocada profunda se corriera dentro de ella, que dejó sacar un sonido gutural.
—Ah… Si… —se dejó caer arriba de ella, que igual terminó exhausta por todo, el viaje, la entrega, en fin, Edward terminó besando su espalda y fue al baño a quitarse el condón.
Amarro el condón y lo echó a la basura. Se lavó la cara y se fijó en el espejo. Edward miró su reloj, y soltó una maldición, eran casi las once de la noche, ya era muy tarde y si no se apresuraba no llegaría, se regresó para cambiarse rápidamente a la habitación.
—¿Cómo?, ¿Ya te vas? —le pregunto la chica que ni recordaba su nombre.
—Eh, sí, tengo un compromiso muy importante que, si no llego, créeme tendré muchos problemas. —dijo Edward, acomodándose la camisa dentro del pantalón muy apresuradamente.
—Hmm, ¿Me llamaras? —le pregunto la mujer aún recostada en la cama.
—¿Quieres que te mienta? —pregunto él mientras se colocaba el saco. Se acomodó todo para estar presentable.
—Bueno, tú te lo pierdes —le dijo la chica levantándose de la cama para caminar al baño. Edward tomó su corbata para anudarla y se ajustó con los dedos, cuando vio a la chica con una toalla puesta; un indicio de que se va a duchar. — Puedes quedarte si quieres, pide el desayuno y que lo carguen a mi cuenta, nos vemos—dijo saliendo de la habitación—. Realmente la pasé muy bien.
En otras circunstancias se hubiese quedado para otra ronda, y quien sabe, hasta podría haberse dado una ducha con ella. Pero hasta ahí, jamás se quedaba a dormir con ninguna de ellas, jamás las llevaba a casa y mucho menos las presentaría a mamá Elena. Ella simplemente lo castraría de una. Que de tan solo pensarlo le dio un escalofrío, como los que últimamente tenía debido a la insistencia de la abuela de que se casara, siente cabeza y tenga hijos.
Bajo por el elevador y se dirigió hasta la salida, cuando cruzó la entrada el valet parking con su auto para irse, Edward esperaba a que mamá Elena no estuviera molesta, pero si lo estaba solo pensaría en la mujer con la que había estado para aguantar el regaño. Se llevó media hora manejando desde la ciudad, hasta donde estaba la mansión. Al llegar Edward, solo vio que las luces estaban desde la entrada de la propiedad, hasta la entrada de la mansión. Edward llegó sin más para ingresar a la fiesta, todo el mundo estaba en lo suyo, unas personas bebiendo, otras platicando. Otras como Larry se encontraban haciendo negocios, Larry lo vio y le señaló con la mano para que fuera a verlo, Edward se negó con la mano y le hizo saber que lo alcanzaría más tarde.
Edward se sintió abrumado por la gente y como aun no lo presentaban, no conocía prácticamente a nadie y no se sentiría cómodo ahí entre tanta gente. Miro alrededor buscando a mamá Elena, pero no la vio por ningún lado, eso era bueno, porque si no ya lo hubiera presentado a un sinfín de candidatas para ser su esposa.
Edward comenzó adentrarse en el salón, pero alcanzó a mirar a un bomboncito como se lo había recomendado el doctor, una chica que tenía semejante trasero que adorna un vestido rojo escarlata que contrasta muy bien con su piel blanca. La mujer se volteó, pero es que esa no era una mujer, era un ángel caído del cielo, era muy bella. Edward solo alcanzo a ver su sonrisa, pero desde el punto donde estaba no alcanzo a visualizar bien, solo vio que ella sonrío, pero no vio con quien ella estaba sonriendo.
Edward pensó que, si esa mujer le sonreía a un hombre, el cual no era él. ―≤ “Déjame decirte muñeca que pronto tu sonrisa solo será para mi”≥ —pensó, Edward el cual se acercó un poco donde pudiera verla bien, pero sentía como su animal comenzaba a despertar. ―≤“Sssh, tranquilo, ahora no es el momento, pero te prometo que una vez que sepa ¿Quién es ella? La tendrás empotrada en una cama.≥
Solo tenía que esperar a visualizar para conectar con ella, era difícil ya que ella estaba exhorta con un grupo de jóvenes muy amenamente platicando, Edward vio como el vestido ajustado estaba a punto de reventar tanto de atrás como de adelante, vaya que estaba muy pero muy voluptuosa. Cosa que a Edward le agradaba, ya se imaginaba jugando con sus gemelos cuando la tuviese en la cama, lo tenía hechizado, esos hoyuelos que se le hacían cuando sonríe, cosa que le encantaba, pero el tipo que estaba a su lado, no dejaba de pasar su dedo por su brazo ¿Sería su novio? Pues si era así, lo sentía por él, porque esa chica pasaría a ser parte de su colección o dejaría de llamarse Edward Macmillan.
Edward sonrió para sus adentros pensando como la disfrutaría, esperaría a que Larry se desocupara y le asignaría la tarea de que buscara todo sobre ella. Le sería fácil puesto que era la única chica que traía puesto un vestido de ese color, pero de si algo Edward estaba seguro, era que ese bombón la tendría en su cama gritando su nombre hasta que se cansara. Lo decretaba y cuando Edward lo hacía, no había forma de que no sucediera.
Vio que la chica se movía y el tipo la jalo de la mano, ella volteo para mirarlo de mala manera. ―«Eso es mi amor, no te dejes mándalo al demonio y ven a mis brazos vida mía». ―Fue hasta la barra para pedir dos copas de champán y se dirigió hasta donde estaba ella, la mujer se dirigió a una de las terrazas de la mansión.
Cuando empezó a caminar hacia ella, su andar fue interrumpido cuando Larry le dio alcance.
—Edward qué gusto verte, tarde en saludarte porque el señor Harrison quería hablar de uno de sus negocios, pero ven dame un abrazo. —le dijo mientras lo abrazaba—. Pensé que no llegarías, la señora Elena me ha preguntado varias veces por ti.
Continuará…