Corrió por esos interminables pasillos siendo seguida por Bruno y unos cuantos ejecutores más. Llegaron al piso más alto del edificio, a ese que contaba con nuevas medidas de seguridad que ellos no podían sortear. Se detuvieron en varios recovecos a pensar en cómo actuar, en qué hacer para atravesar aquello. —Yo les puedo dar una mano — dijo una voz extraña surgiendo desde las sombras. Todos contuvieron el aliento y aguardaron en sus posiciones, ocultos por esa oscuridad que les regalaba la noche sin luna. Un hombre, uno que nadie había visto jamás y que no olía a nada en particular, sino que parecía ser la mezcla de miles de especies, caminó sin miedo por aquel pasillo hasta dar con la puerta del ascensor, marcando un extraño código y abriendo la puerta que les impedía cumplir su misi

