**MANUEL** Esperé impacientemente casi una hora hasta que finalmente la vi. La puerta principal se abrió y Rita emergió, radiante bajo la luz dorada de la tarde, como una estrella de cine. Contuve el aliento. Cada vez que la veo, mi corazón se acelera, pero ahora la siento tan distante, no he podido estar con ella. Juraría que me está evitando. Llevaba un traje de alta costura que, por la caída de la tela y el color azul marino que realzaba su tez, denotaba un gusto refinado que yo no le recordaba. Su pelo, recogido en un moño bajo, dejaba ver unos pendientes de perlas discretos, pero que sin duda eran auténticos. En su muñeca, un reloj de pulsera de oro blanco, sencillo y elegante, completaba un conjunto que hablaba de una nueva sofisticación. ¿Desde cuándo se había preocupado tanto

