**MANUEL** Camila frunció el ceño y cruzó los brazos como una niña berrinchuda. —Manuel, por favor. Solo esta vez. No te pido que te hagas su mejor amigo. Solo que lo invites a bailar conmigo. —Ni en sueños —le corté, con una voz que no dejaba espacio para discusión—. Ese cabrón no pisa la fiesta ni aunque me pongas una pistola en la cabeza. Punto final. —Pero… Es mi fiesta, debes complacerme. —¡No hay peros! —exploté, y mi voz rebotó contra las paredes como un disparo—. ¿Sabes qué? Estoy hasta la madre de que todo el mundo en esta ciudad se arrodille ante ese tipo como si fuera el puto rey de Roma. ¡Incluyéndote a ti! Camila me miró con esos ojos de cordero degollado que usa cuando quiere hacerme sentir culpable, pero esta vez no me iba a funcionar. —¿Por qué lo odias tanto? Sol

