**MANUEL** Mi cuerpo estaba plantado en ese maldito sillón del lobby, pero mi mente ya había subido al séptimo piso como un dron de reconocimiento. ¿Qué carajo hacía Rita en este hotel? ¿Por qué me esquivaba como si fuera un ex tóxico? ¿Y por qué se movía por este lugar con la familiaridad de alguien que conoce hasta dónde están los extintores? Algo no cuadraba. Y cuando algo no cuadra en mi mundo, es como una astilla clavada en el cerebro: no hay paz hasta sacarla. —¿Ya vas a terminar? Tengo cosas que hacer —le solté a Camila, que seguía hipnotizada con sus catálogos como si estuviera eligiendo las joyas de la corona. —Sí, ya casi. Solo me falta decidir el menú y tendré todo listo para mi cumpleaños —respondió sin despegar los ojos de una foto de canapés que probablemente costaban

