**MANUEL** En mi insensata y desmedida arrogancia, impulsado por una vanidad que me nublaba el juicio, lo percibí como una afrenta directa, como una peligrosa amenaza que se interponía en mi camino. A mis ojos, él representaba un obstáculo para lo que yo consideraba, erróneamente, mi derecho exclusivo sobre Rita, una posesión que, en mi ceguera, creía incuestionable y legítima. El peso de mi comportamiento aplastante. No solo fui injusto con Rita, sino también lo fui con Sergio. Un hombre que probablemente me odiaba no porque fuera celoso de su “mujer”, sino porque veía exactamente lo que yo era: un hombre inmaduro, posesivo y potencialmente peligroso para su hermana pequeña. Sin embargo, a pesar de la vergüenza que me consume, no me voy a dar por vencido. He perdido esta batalla de

