Abril Me desperté y Ray me miraba raro, no enojado, más bien asustado, confundido quizás. Desconfiado. Sí, esa era la palabra: desconfiado. ―¿Pasa algo malo? ―pregunté. Él negó con la cabeza y me acarició el rostro. ―Hice algo malo ¿cierto? ―No, cariño, pero debemos conversar algunas cosas; después del desayuno, hablaremos todos, ¿te parece? ―¿Y si no me parece? ―Me asusté, no quería que él se enojara conmigo de nuevo y me torturara. Ray sonrió. ―Es importante, de verdad, pero si al empezar a hablar no te sientes preparada, lo dejaremos. ¿Ahora sí te parece? ―Está bien ―accedí, de todos modos, estaba segura de que no podría negarme. ―Bien, te dejaré para que te vistas, te espero abajo para que desayunes. Yo asentí con la cabeza, creo que el “sí” que dije no me salió.

