Estaba enojadísima. ¿Quién mierda se creía él para besarme así? Intenté apartarlo, pero no lo lograba. Cosa que me estaba empezando a asustar un poco — ¡Suéltame! — grité desesperada. Pensé que no se inmutaría, pero miró mi cara de terror y se apartó de mí dándose la vuelta y yéndose como alma que lleva el diablo. Me quedé intranquila después de lo que acababa de pasar y sabía que dormir no era una opción, porque era absurdo que yo trabara la puerta si él igual entraba cuando le daba la gana. Volvió a aparecer en mi habitación a las seis de la mañana. Lo vi entrar porque había dejado la luz encendida. No estaba tan loca como para dejarla apagada. Me puse nerviosa apenas lo vi. Se acercó a mí tambaleándose, cosa que me confirmaba, que él había bebido mucho. Se arrodilló ante mí y me p

