Se despidió de mí y salió de prisa de la cocina, como si realmente la luz le molestara. Fue muy gracioso porque me sentí tonta al pensar que era un ente del más allá.
Mágicamente, mi dolor de cabeza había desaparecido, aunque, si me tocaba la frente, el golpe me dolía muchísimo. Tomé un vaso de agua y subí a mi habitación, pero no pude dormir más y no dejaba de pensar en el desconocido al que ni siquiera le había preguntado su nombre. ¡j***r que estúpida! ni siquiera sabía su nombre y ahora cómo se supone que lo iba a volver a ver. Porque de algo si estaba segura: lo quería volver a ver. Si el amor a primera vista existía, tenía que ser igual a como lo estaba sintiendo.
A la mañana siguiente, después de dejar al pequeño monstruo, lo busqué; juro que saludé a todos los empleados con el fin de “presentarme” pero no lo vi. Tenía ganas de preguntarle a Rose y a Amy, pero me dio un poco de vergüenza, ellas eran geniales conmigo, pero no teníamos tanta confianza. Pensé que, tal vez, era su día libre, pero al día siguiente, fue lo mismo, no lo encontré.
Todos esos días fueron bastante complicados. El pequeño mostrito, cada vez me lanzaba más cosas y para cuando llegaba la noche, me dolía hasta el alma. No sabía cuánto podría soportar en este trabajo, si Hater seguía así, un día iba amanecer muerta y eso que solo habían pasado cinco días. Los sábados, Hater se levantaba temprano y yo tenía que levantarme antes para tener todo listo para ella, así que después de ayudarle con su baño, en el que terminé completamente mojada, me dispuse ayudarla a vestirse. Cuando le estaba poniendo las zapatillas, me dedicó una mirada tierna y estampó su pie en mi nariz. ¡j***r! hasta lloré por el dolor. No sé cuánto tiempo estuve llorando, pero cuando el dolor cesó, Hater ya no estaba. Me tuve que olvidar, de que posiblemente tenía la nariz ensangrentada y tuve que correr detrás de ella. La alcancé a tiempo cuando estaba bajando la escalera y la vi lanzarse en los brazos de alguien, gritando “papá”. Vaya, al fin conocería a este padre “responsable” que no había aparecido en toda la semana.
Cuando llegué al último escalón, mis ojos se encontraron con esa mirada verde que me había perturbado. ¿Pero qué demonios? ¿Él era el papá de Hater? ¿Él era mi jefe? Casi me desmayo cuando lo vi cambiar su semblante de sonriente a serio.
—Pero ¿qué te pasó? ¿Estás bien?— preguntó bajando a la niña.
Miré mi camisa y sí, era más sangre de la que imaginaba, no tanto como para desmayarme, pero había bastante sangre. Se acercó a mi aterrado y me revisó.
—Al doctor ahora mismo.
Negué aterrada porque, más que odiar a los hospitales, les tenía terror.
—No seas cabezota, puedes tener la nariz rota.
Dijo nariz rota y casi me vuelvo a desmayar. Pero negué, no pensaba ir a ningún lugar.
Tomó mi mano ensangrentada y me arrastró a la salida —O caminas o te cargo, tú decides.
Asentí caminando, o bueno, siendo arrastrada por él.
En el hospital me revisaron y por fortuna, no era una fractura, solo había sido el golpe.
—Me puedes explicar ¿por qué las dos veces que te he visto tienes un golpe encima? ¿Estás saliendo con algún empleado?
Su pregunta me tomó por sorpresa pero negué inmediatamente.
— ¿Por qué dices eso?
—Siento que estás recibiendo violencia doméstica y has estado en casa toda esta semana, la única manera es que estés con algún empleado.
Negué pero no dije nada, creo que si hablaba, las cosas se podían poner peor con el pequeño demonio, ella ya me odiaba lo suficiente y yo necesitaba este empleo. A estas alturas, deseaba haber estudiado otra cosa, pero no, siempre he sido la Summer inocente que quiere cumplir sus sueños, como si de ellos se pudiera vivir.
—Summer, necesito que me digas quién fue.
Negué —No es nadie, solo soy torpe, muy torpe.
—No te creo.
—Ahora que lo recuerdo, ni siquiera se tu nombre— dije para cambiar de tema.
—Soy Nicholas.
Escuché un coro de ángeles junto con su nombre. Nicholas sonaba a dioses salido de sus labios.
—Soy Summer, pero eso ya lo sabes.
—Lo sé, yo mismo te escogí.
—Me haces sentir que soy un pedazo de carne que escogiste en un supermercado.
Sonrió —Perdón, no quise hacerte sentir así, a lo que me refería, es que pasaste por una extensa investigación para poder cuidar a mi hija.
Lo miré confundida y él se encogió de hombros.
—Sí, eso quiere decir que te investigué.
Siendo sincera, no tenía nada que ocultar, había sido muy correcta en mi vida, o bueno, eso creía.
—Y ¿qué encontraste de mí?
—A excepción de todo el dinero que debes en préstamos estudiantiles, nada. Pero no te preocupes, tu sueldo está categóricamente calculado para que salgas de tus deudas.
Me quedé en silencio sin saber qué decir. Es que todo era rarísimo y me había tomado por sorpresa.
—Si vas a cuidar a mi hija necesitas una retribución, sé que ella no es fácil, es por eso que lo hago.
No sé por qué, pero una parte de mí se sintió desilusionada, me sentí tonta y me reí de mí misma, tenía la esperanza de que dijera que lo hacía porque estaba loco por mí. Apenas pensé en eso, me volví a reír ¡j***r Summer! ésta es la segunda vez que lo ves y ya te estás haciendo el cuento de princesas. “Él es tu jefe así que concéntrate”.
Una vez me dieron el alta, subimos a su auto y él se dirigió a su chofer —A invierno por favor.
No entendí a qué se refería cuando dijo “invierno” y siendo sincera, tampoco me importaba ir al fin del mundo con Nicholas. Así que me quedé tranquila hasta que vi que llegamos a su casa. Ni siquiera me había dado cuenta, que en la entrada decía “Invierno”. Definitivamente debo prestar más atención.
Hater se lanzó feliz a los brazos de su padre apenas llegamos, se notaba que lo amaba demasiado porque ésta, definitivamente, no era esa niña malévola que yo conocía.
Ellos se sentaron a desayunar y yo desayuné en la cocina con Rose y Amy.
—Vaya golpazo que tienes ahí— dijo Amy.
— ¿Qué pasó esta vez?
Suspiré —me golpeó mientras le ponía las zapatillas.
—Te voy a conseguir una mascarilla de Hockey, ya sabe que ahí te puede agarrar desprevenida.
— ¿Pero qué es, una psicópata? ¡j***r solo tiene ocho años!
—Yo digo que sí, con el tiempo se pone peor, creo que le hace falta que su padre esté aquí más seguido, el señor se la pasa viajando.
Asentí porque también lo creía.
No sé qué habrá pasado, pero las siguientes semanas, él estuvo más en la casa. Lo veía entrar a su despacho muy temprano y salía para desayunar conmigo. La primera vez que me pidió que me quedara en la mesa con él, casi me muero, ni siquiera pude comer.
—Te comiste casi todo mi Sándwich la noche que nos conocimos y ¿ahora tienes pudor?—preguntó burlándose de mí.
—Es diferente, no sabía que eras mi jefe.
—Y tampoco sabías que era tan guapo —dijo con media sonrisa.
Mis mejillas ardieron de tan solo escucharlo decir eso, porque era evidente que yo lo pensaba, pero encontrarme descubierta, no sé, me dio vergüenza. El tipo me encantaba pero me sentía tonta porque él ni siquiera me miraba de otra manera, y no sé, creo que era más como una atracción física.
Un largo mes pasó y digo largo, porque el pequeño demonio me había recibido con golpes y gritos todo ese jodido mes. La excepción, era cuando estaba su padre en casa; cuando eso pasaba, era hasta amable conmigo. Un viernes, Hater se quedó con los abuelos paternos, así que tenía la noche libre y ¡j***r! hace un mes que no tenía tiempo para mí, por lo que decidí salir un rato, cosa que fue una terrible idea, porque a las 12 de la noche ya tenía sueño. Decidí tomar un taxi y me fui a invierno. La casa estaba vacía como siempre, oscura y fría como su nombre. Debo confesar, que en las noches no me agradaba el lugar, así que aceleré el paso hacia mi habitación.
—Summer ¿podemos hablar?— dijo la voz de Nicholas retumbando en el silencio.
Lo busqué en medio de la oscuridad y me costó mucho localizarlo. Estaba sentado en las escaleras, como al asecho.
—Pareces un demonio en la oscuridad— dije con risa nerviosa.
—Me gusta la oscuridad.
— ¿Es por eso que las luces de esta casa no son automáticas?
—Me descubriste— dijo con tono burlón.
— ¿Qué quieres hablar?
—A mi despacho— ordenó.
—Por favor, Summer— dije refunfuñando.
Lo escuché reír, pero no dijo nada.
Apenas cerró la puerta, me acorraló en un rincón. Olía muchísimo a alcohol, pensé que éste era mi fin y que él iba a matarme pero, en vez de eso, me besó. No sé cómo demonios, mis piernas aguantaron mi peso, juro que no lo sé. Correspondí a su beso porque era algo que realmente había deseado. Quería morder sus labios y estuve a punto de hacerlo, pero él cortó nuestro beso.
—Necesito que te cases conmigo— dijo sin más.