A la mañana siguiente, yo desayuné en silencio como siempre. En este largo año, hablamos muy poco. Al principio sé que, a él, le costó mucho, pero después, aceptó mi silencio y no insistió, hasta esa mañana, que estuvo parlanchín. Hater y yo nos miramos un poco intrigadas y ambas nos encogimos de hombros confundidas. Ninguna respondió a nada de lo que él decía. Subimos los tres al auto y él tomó mi mano, sé que se estaba aprovechando porque no lo iba a rechazar, mientras la niña estuviera aquí. Pero apenas se bajó despidiéndose, lo manoteé. Me miró como perrito regañado. ¿Pero qué quería exactamente él de mí? No me aguanté y se lo pregunté — ¿Qué buscas exactamente de mí? Para mí, quedó claro lo que es nuestro matrimonio, ya la época donde me confundías pasó hace mucho. Me miró sorpren

