En el supuesto de que María y Juan hubiesen tenido al bebé ahora, el pequeño tendría dos años. Dos años de risas contagiosas, descubrimientos constantes y también de desafíos que María y Juan nunca imaginaron enfrentarían. El día a día se había transformado en una rutina agotadora para ambos. Juan, con su trabajo en la empresa, encontraba cada vez menos tiempo para dedicarse a la música que una vez había sido su pasión. Las largas horas en la oficina lo dejaban exhausto, y aunque regresaba a casa con la intención de ser un padre presente, a menudo se encontraba distraído y cansado. María, por su parte, había dejado atrás su trabajo en la cafetería para convertirse en ama de casa casi por completo, el sueño de ser fotógrafa había quedado enterrado muy al fondo, lejos de una realidad. Los

