Tell el-Mukayyar – La trampaEl amanecer en el desierto era siempre un espectáculo que le quitaba el aliento y al general Campbell, a pesar de haberlo visto centenares de veces, siempre le provocaba el mismo efecto. Sus otros dos compañeros, en cambio, mucho menos interesados en la belleza de la naturaleza, estaban tranquilamente tirados sobre los asientos del jeep durmiendo como dos angelitos. El más gordo, con las manos cruzadas sobre la barriga, roncaba tan fuerte que de vez en cuando incluso dejaba de respirar. El general se volvió hacia él y, moviendo la cabeza, se preguntó por enésima vez quién le habría mandado meterse en este lío, a continuación se dio a si mismo la respuesta: el dinero, el dinero, siempre el maldito dinero. En realidad ni siquiera era para él. A él no le importab

