Narrador omnisciente. —No puede ser! Estas pijamas corren pequeñas— la exclamación de Leandro al verse en el espejo fue toda una razón para que Ariadna rompiera en risa haciéndolo enojarse. —Te queda divina mi amor. La fábrica no tiene la culpa de que lo tengas tan grande y se ajuste en esa parte específicamente — Ariadna se reía de su novio a grandes carcajadas. —No solo ese es el problema. También me queda brincacharcos! — se cruzó de brazos el mafioso frente a su reflejo. —Por Dios mi amor...— Ariadna no paraba de reir, lo veía hasta gracioso. Hoy habian ido a patinar, como se lo propuso Leandro ayer en la cena. Un tremendo espectáculo esos dos sobre ruedas y hielo... por Dios que el mafioso no era bueno en esas cosas. No pudo despegarse mucho de las barandillas porque no queri

